Biografía de Enrique Pichon – Rivière

Ana P. de Quiroga


 

¿Por qué unir las vicisitudes de una vida y la obra de su protagonista?

Dice Enrique Pichón Rivière en el prólogo de su obra, titulada Del psicoanálisis a la psicología social: “como crónica del itinerario de un pensamiento, será necesariamente autobiográfica, en la medida que el esquema de referencia de un autor no se estructura sólo como organización conceptual, sino que se sustenta en un fundamento motivacional, de experiencias vividas.”

Enrique Pichón Rivière es una de las figuras significativas de nuestra cultura.

Maestro de la Psiquiatría y la Psicología Argentina, su pensamiento ha alcanzado trascendencia en Latino América y en algunos países europeos.

Nació en Ginebra el 25 de junio 1907, de una familia francesa, oriunda de Lyon.

Falleció en Bs. As., el 16 de julio de 1977.
 

Sus primeros años

En la segunda década del Siglo XX sus padres emigraron a la Argentina, instalándose inicialmente en el Chaco y luego en Corrientes, en la ciudad de Goya.

El haber crecido en ese entrecruzamiento de culturas, costumbres, formas de pensamiento, modalidades cotidianas de vida, lo marcó de manera particular, permitiéndole el desarrollo de un pensamiento singularmente abierto ante la diversidad, lo heterogéneo y sus formas de coincidencia y articulación.

A la vez, esa multiplicidad de experiencias estimuló su percepción de la relación sujeto- contexto social, lo que sería más tarde uno de los ejes de su elaboración teórica.

Tras una breve experiencia en Rosario, cursó la carrera de medicina en la Universidad de Buenos Aires, mostrando desde el comienzo de su formación un intenso interés por la problemática de la patología mental.

Según relatan sus contemporáneos, entre ellos el Dr. Jorg. -Jefe de laboratorio del Dr. Mazza, uno de los descubridores del mal de Chagas- desde su más temprana juventud Enrique Pichón Rivière se destacaba por su compromiso incansable en la investigación de las distintas formas de comportamiento humano.

Esto es reafirmado por él en el mencionado prólogo a su obra Del psicoanálisis a la psicología social, publicada en 1971 cuando sostiene: …“la trayectoria de mi tarea puede describirse como la indagación de la estructura y sentido de la conducta, en la que surgió el descubrimiento de su índole social”… O cuando comenta: ... “mi búsqueda ha sido saber del hombre y en particular saber de la tristeza”... ya que supone que las pérdidas y la estructura depresiva que ellas pueden configurar, se convierten en una situación básica operante en la génesis de la enfermedad mental.

Esa búsqueda lo orientó desde el comienzo hacia el pensamiento psicoanalítico, el que en un período de estancamiento en el desarrollo de la psiquiatría, aportará elementos claves para la comprensión de la vida psíquica.

Enrique Pichón Rivière fue uno de los fundadores de la Asociación Psicoanalítica Argentina, y maestro de generaciones de terapeutas e investigadores, que luego brillaron por su práctica y elaboración teórica.

Sería muy parcial una referencia a Enrique Pichón Rivière, que no lo mostrara en la riqueza de campos que fueron objeto de su interés y su hacer. Por Ej. El análisis de la vida cotidiana, que esbozado en su infancia, desarrollará luego a partir de su amistad y trabajo compartido con Roberto Arlt -en este aspecto su maestro- y que se convertiría, más tarde y a partir de su tarea terapéutica, en uno de los ejes de su concepción de la psicología como esencialmente social.

Arte y Creación

Fue destacado su interés por el arte y el proceso creador, que lo impulsará a investigar la obra de Picasso, Van Gogh, Artaud, Rimbaud y particularmente la del inspirador del surrealismo, Isidoro Duccase, autor de Los Cantos de Maldoror.

Esa inquietud estética de Enrique Pichón Rivière, que se expresará en su profundo análisis de la dialéctica que se despliega entre lo siniestro y lo maravilloso en la creación, le ganaron el respeto y reconocimiento intelectual de figuras del surrealismo, particularmente de Andre Breton, a la vez que su trabajo terapéutico con artistas de nuestro medio lo llevaron a la comprensión de aconteceres claves en el proceso creador, así como de las vicisitudes, concientes e inconscientes, del aprendizaje y el descubrimiento.

En estas producciones subjetivas se da -con distintas modalidades- una contradicción y un interjuego entre lo que se vive fantaseado e inconscientemente como destruido o como carencia, y los procesos reparatorios, por los que se re-crea, se da nueva vida a lo dañado, resignificándose así el mundo y el propio sujeto, quien se transforma en tanto transforma la realidad...

Por ese interés en el arte, la creación y la innovación su casa fue, en más de una ocasión, espacio de exposición y ámbito de debate de movimientos de vanguardia, como la del Grupo Madi, el que fundaran, entre otros, el escultor Gyula Kosice, y el pintor Arden Quin. Muchos artistas argentinos, particularmente plásticos y literatos, fueron integrantes de su círculo de relaciones. Un ejemplo de ello fue la afectuosa amistad que lo unió con el pintor Juan Batlle Planas. Asimismo trabajó en grupos de reflexión con actores y directores de teatro.

Sus charlas en Ver y Estimar, institución que alcanzó gran relevancia cultural a lo largo de varias décadas, convocaban a un numeroso público interesado por sus originales apreciaciones sobre el arte.

Son también significativas, en este tema, conferencias en galerías, museos de bellas artes, así como sus artículos publicados en prestigiosos medios de nuestro país y del extranjero.

Aunque sin duda entre todas esas actividades, Enrique Pichón Rivière valoraba especialmente su conferencia en el Café Le Blanc, en Paris organizada por André Breton y destinada al grupo surrealista, que tenía allí su lugar de encuentro, como el “Flore” lo fue para Sartre, Beauvoir y otros existencialistas.

A su vez, si bien su producción como creador se plasma en la elaboración de una concepción psicológica en la que define al sujeto y su vida psíquica como esencialmente social., Enrique Pichón Rivière transitó brevemente por la poesía, a la vez utilizaba el collage, como un instrumento de particular riqueza comunicacional, en la que la diversidad de elementos y su unidad interna, hacían a la riqueza del mensaje.

 

Un pensador del Siglo XX

La particularidad de su historia vital, la multiplicidad de experiencias culturales y las situaciones contrastantes que transito, hicieron de él un pensador singularmente abierto a la diversidad de campos de conocimiento. Se perfiló desde su primera juventud como un sujeto dotado de una particular sensibilidad a los procesos revolucionarios, a las innovaciones y vicisitudes que en la vida política, en la ciencia, en lo estético y en los movimientos sociales marcaron intensamente al Siglo XX.

De allí esa condición de apasionado investigador, capaz de trabajar profundidades, no descuidando nunca la búsqueda de comprensión de lo aparentemente más banal, en lo que exploraba creativamente, hasta encontrar su sentido oculto. Por ello, como hemos dicho, su obra en sus múltiples aspectos se inscribe en esa vasta corriente de pensamiento que se denomina Crítica de la vida cotidiana, que tiene como figura dominante a H. Lefevbre. Esta corriente emerge en la década del 40, para oscurecerse a partir de los 80 y adquirir nueva potencia y desarrollo en los últimos años.

Pasos hacia la Psicología Social

Enrique Pichon Rivière no fue un pensador en una sola disciplina, ni un terapeuta encerrado en un consultorio. Desde el comienzo, aun antes de recibirse, trabajó en instituciones psiquiátricas, particularmente en el entonces Hospicio de las Mercedes, hoy Hospital Borda. Fue en ese periodo que se intensificaron para Enrique Pichon Rivière interrogantes que orientarían, más tarde y en forma definitiva, las ideas centrales de un a elaboración conceptual a la que define como Psicología Social.

¿Por qué afirmará Enrique Pichon Rivière en el año 1965 que “toda psicología, en sentido estricto es social”? ¿Por qué titula, al conjunto de su obra, que publica en 1971, Del psicoanálisis a la Psicología Social?

Ese titulo habla de un pasaje, más aun, de la redefinición de un marco teórico, de la construcción de un nuevo esquema conceptual, referencial y operativo, con un cambio sustancial de perspectiva en el análisis del acontecer subjetivo

Para comprender el pensamiento de Enrique Pichón Rivière es necesario recorrer ese pasaje, analizar prácticas que le plantearon preguntas fundamentales y cuya respuesta lo llevó a la elaboración de lo que hoy conocemos como Psicología Social Pichoniana.

El trabajo en el Hospital Psiquiátrico

Hemos hecho referencia a su tarea en instituciones psiquiátricas, públicas y privadas. Una de sus primeras experiencias se desarrolla en el Asilo de Torres. Allí, trabajando con niños y adolescentes que padecían de retardo mental, Enrique Pichon Rivière observó que entre los pacientes internados, las patologías de unos, tenían una definida causalidad orgánica. En tanto otros carecían de esa característica; eran sujetos físicamente armoniosos, con capacidad para la música, y el desarrollo de muchas habilidades. A la vez que también evidenciaban un retraso intelectual. Investigando a estos pacientes, constató que los grupos familiares de los que provenían presentaban características relativamente comunes, en particular un tipo de relación de intensa sobreprotección del niño o joven denominado “con dificultades” y que eso se había dado desde su temprana infancia.

A estos pacientes los denominó oligotímicos y trabajó con ellos en la posibilidad de desarrollo de distintos tipos de aprendizaje, así como el efecto terapéutico e integrador del juego grupal, en este caso el fútbol, una de sus grandes pasiones.

La experiencia desplegada en el Asilo de Torres dejó en Enrique Pichon Rivière una inquietud, entonces no tenida en cuenta en los medios psiquiátricos, acerca del rol del grupo familiar en el desarrollo de ciertas patologías. (Hablamos de las décadas del 40 - 50).

Esa inquietud se profundizará, y se transformará en indagación sistemática, en la práctica realizada en el Hospicio de las Mercedes, tanto desde su rol de jefe del servicio de admisión, como desde el servicio de adolescentes denominado de la Edad Juvenil, que el creara.

Este último se convirtió en un espacio de formación de psicoterapeutas, no sólo de distintas partes de Argentina, sino de diversos países de Latinoamérica, ya que se lo consideraba un servicio modelo, por la calidad de su director y de los docentes que en el colaboraban, entre los que se contaban, quien entonces era su esposa, Arminda Aberastury, David. Liberman y otras importantes figuras del psicoanálisis. Contaba a la vez con la cooperación de artistas como Batlle Planas, Grete Stern y otros, que desde lo creativo se articulaban en la tarea terapéutica. Su práctica en el Hospicio ahondó interrogantes acerca de la relación entre procesos interaccionales, estructura y dinámica del grupo familiar y la dialéctica salud-enfermedad.

Este tema, tan profundamente ligado a su pensamiento y a su práctica, será desarrollado en esta biografía que es, a la vez e inevitablemente, una exposición acerca de su obra.

En el contacto con la institución manicomial pudo visualizar situaciones de aislamiento, abandonismo médico y familiar. Constatando lo que luego fuera analizado por Foucault: el carácter de depósito que cumplía esa supuesta institución de salud.

En ella se efectiviza la segregación del paciente mental. Allí recluye y castiga socialmente a un padecimiento estigmatizado como lo siniestro, lo que debe ser desterrado de la vida social y familiar.

Otro hecho que movilizó la investigación de Enrique Pichon Rivière fue la problemática del desarraigo. Muchos de los internados eran inmigrantes extranjeros o del interior del país, que no habían podido adaptarse a las nuevas condiciones de vida, y al dolor de verse arrancado de sus raíces y en soledad, condenados al aislamiento.

Eso lo afirmará en la indagación tanto de la incidencia del contexto en el sujeto como del lugar de la pérdida, de los duelos no elaborados en la génesis de la patología mental.

Es esta práctica la que le mostrará la centralidad, en la tarea terapéutica, de la comprensión de los procesos vinculares, familiares, grupales, que constituyen escenarios de la experiencia humana.

A la vez le planteará la necesidad de encarar, en forma conjunta con los pacientes y su grupo familiar, la transformación de esas realidades, de esas estructuras previas y dolorosas de relación. Se abocará entonces a la cuestión de las modalidades operativas necesitadas para dicha comprensión y transformación.

A la vez, y para enfrentar -en alguna medida- el abandonismo médico, que se sumaba al familiar, Enrique Pichón Rivière trabajó grupalmente con los enfermeros, quienes tenían contacto cotidiano con los pacientes y un notable conocimiento empírico.

Ese conocimiento necesitaba elementos teóricos para conceptualizarse, lo que aportaba Pichon, a la vez que recibía un inmenso bagaje de experiencia.

Él solía decir, “con ellos enseñé, pero sobre todo aprendí psiquiatría”.

Con esto delineaba Enrique Pichón Rivière su idea de enseñaje, del aprendizaje como un proceso unitario, como diálogo e intercambio en que los roles del que enseña y el que aprende se van alternando, ya que se valora la diversidad de saberes, lo que aporta una experiencia, una pregunta, un concepto, como caminos de conocimiento.

Toda su vida, como terapeuta, como docente, como investigador se guío por esta idea de la unidad del enseñar y el aprender, de la validez de los saberes de cada sujeto, de la indisoluble relación entre la teoría y la práctica.

Esto nos dice de un posicionamiento ideológico, coherente con una concepción de sujeto, y del conocimiento, la que será uno de los fundamentos de la Psicología Social.

Grupo Familiar: Salud y Enfermedad

El llegar a establecer relación entre el proceso del enfermarse y el acontecer del grupo familiar del paciente constituye hito en el pensamiento de Enrique Pichon Rivière.

Una de sus prácticas más significativas y fecundas, que instalaron en él interrogantes y delinearon respuestas a esas preguntas, surgieron en el desempeño de sus funciones como jefe del servicio de admisión, y poco tiempo más tarde, en la creación y dirección del ya mencionado servicio de la Edad Juvenil.

La tarea de admisión enfrenta al terapeuta con la situación de urgencia psiquiátrica, es decir, con la eclosión de la crisis del paciente, que se recorta en una relación figura – fondo con su contexto inmediato.

Lo que Enrique Pichón Rivière observaba eran las formas de llegada a la situación de internación. El paciente era traído por miembros del grupo familiar, por los vecinos, por la policía. En los dos últimos casos, ¿qué ocurría? ¿Existía ese grupo familiar? ¿Cuál era el lazo del paciente con los otros miembros del mismo?

Pero lo más rico en información resultaba obviamente la internación efectuada por la familia. Porque un paciente en crisis, implicaba a la vez una familia profundamente conmocionada. También en crisis.

Lo más manifiesto de ese momento eran las vivencias y desorganización que desencadenaban en ese grupo la enfermedad de algunos de sus miembros. Pero en el diálogo que se daba espontáneamente surgían datos, referencias, inculpaciones recíprocas, definiciones de situación, asunción de roles que remitían a otros aspectos del acontecer familiar, y que decían de la pre-existencia de la situación crítica.

A la vez que develaba ciertas formas de la internalización recíproca, el argumento familiar, la significación de cada uno para el otro en ese grupo. Procesos todos estos, de naturaleza inconsciente, que adquirían cierto grado de transparencia en ese proceso de desestructuración, propio de la situación de crisis

A partir del contacto espontáneo con la familia, y de estas hipótesis que se delineaban, Enrique Pichon Rivière instaló una modalidad de abordaje, un encuadre que consistía en sesiones con el paciente y a la vez reuniones con el grupo familiar, habitualmente con la presencia del paciente.

En el abordaje individual de éste, que Enrique Pichón Rivière realizaba desde su marco psicoanalítico, trabajaba en la exploración de la estructura y dinámica del mundo interno de ese sujeto, sus formas de interpretación de la realidad. Y lo hacia a partir del análisis de la transferencia, la que definirá más tarde no solo como actualización en el aquí y ahora, de una relación del pasado, sino como la puesta en escena de un juego de roles inscripto en el mundo interno, lo que remite a una dramática interna.

Hasta aquí la instrumentación de la comprensión psicoanalítica. Pero a la vez aparecen ya elementos que orientarán una redefinición conceptual significativa.

El trabajo con el grupo familiar permitía observar un ínter juego de relaciones, registrar lo que surgía en el diálogo, las actitudes, las formas de presencia y ausencia de sus integrantes

A través de estos hechos se hacían crecientemente manifiestos procesos de los que se podía inferir relaciones de causalidad, no lineal, sino dialéctica y compleja, entre el acontecer del mundo interno del paciente y las vicisitudes relacionales del grupo familiar.

En ellas estaba también implicado el mundo interno de cada integrante y su visión y significación de dicho grupo y la diversidad de formas de compartirla con los otros miembros el mismo.

Familia: Mundo Externo y Grupo Interno

Enrique Pichón Rivière elaboró entonces la hipótesis de que esa interpretación de la realidad, ese delirio, ese tipo de conducta que había llevado a la internación, y antes a la patología, tenía, entre sus condiciones de producción, la interacción que se daba en el interior de esa trama familiar.

Surge allí su primera caracterización del paciente como emergente del grupo familiar. Para Enrique Pichón Rivière, el paciente, en el proceso del enfermarse denuncia la situación imperante en el grupo familiar.

Esa denuncia es inconsciente y ciega. Dice de los montos de ansiedad, de la conflictiva, de la imposibilidad de visualizarla y resolverla, de la pérdida de la tarea, del destino de frustración de las necesidades de los integrantes, de la falta de continencia.

Aun así, en la dialéctica salud - enfermedad, que recorre al paciente como al grupo familiar, éste puede, muchas veces, tener ciertas percepciones ajustadas de lo que ocurre, aunque esto no pueda ser procesado por el sujeto en un aprendizaje, en una adaptación activa y transformante de la realidad.

El padecimiento lo conduce a refugiarse en la estereotipia, la rigidización de sus mecanismos defensivos, lo que lleva a la ruptura con una realidad que no se tolera.

 

Concepto de Emergente. Portavoz

Años más tarde, Enrique Pichon Rivière rectificará la caracterización del paciente como emergente, y dirá que es la enfermedad lo que emerge, como quiebre de lo previo, como cualidad nueva, en una interacción patogénica.

El paciente es visualizado entonces como portavoz a partir del cual se muestra ese acontecer, aunque, si bien Enrique Pichón Rivière no lo tematizó específicamente, el análisis de los distintos roles que se juegan en el grupo familiar, en esta circunstancia, remiten a la existencia de distintos portavoces que expresaran diversos aspectos del complejo acontecer grupal-familiar.

Por ej. unos serán líderes de la depositación masiva, de movimientos de segregación, otros tienen una percepción más clara de la conflictiva y de que el lugar del paciente se relaciona con la misma, en un ínter juego de adjudicaciones y asunciones de rol. Intensas ansiedades y padecimiento implican y recorren, con matices particulares, a todos los integrantes.

 

Grupo Familiar: Crisis y Patología

¿Qué es observable en un grupo familiar en crisis, ante la emergencia evidente de una patología en alguno de sus integrantes?

En primer término trastornos significativos de la comunicación, malentendido y sobreentendido. En este plano Enrique Pichón Rivière consideraba de particular importancia la existencia de los denominados secretos familiares .El “secreto o misterio familiar” hace referencia a hechos, que mas allá de su significación objetiva, se transforman para algunos miembros, en algo peligroso, vergonzante, o terrorífico, que debe ser acallado a cualquier precio.

A partir de allí se instalan subgrupos: los conocedores del secreto que tienden a instalar una zona de exclusión en torno a cualquier situación que pueda tener relación con él mismo. Por otro lado están los que intuyen o registran inconscientemente la presencia de lo oculto, siendo ese registro un motivo de perturbación.

Como hemos dicho, la situación básica del padecimiento familiar y las conductas que en él se desarrollan es un alto monto de ansiedad que por momentos se hace incontrolable y pone, real o fantaseadamente, a los integrantes al borde del caos.

Las conductas defensivas que suelen darse son alianzas, conspiraciones, negación, proyecciones masivas. Cuando esa proyección masiva se instala, se delinea la situación del portavoz, que por su propia conflictiva, por situaciones de ambivalencia no elaboradas, tiende a hacerse cargo de esa ansiedad y enferma. “Por amor y de odio”, dice Enrique Pichon Rivière, caracterizando a la locura como “la expresión de nuestra incapacidad de tolerar cierto monto de sufrimiento”.

Cuando la patología estalla, puede darse -a continuidad de la proyección masiva- habitualmente liderada por un integrante-quizás el más frágil del grupo- la construcción de un mecanismo de seguridad patológico, a nivel grupal-familiar.

Este consiste en la depositación masiva de los aspectos atemorizantes, dolorosos, negativos, que recorren a los integrantes del grupo, en aquel que asume el rol de portavoz.

Tiende entonces a configurarse un proceso de segregación, fantaseado exorcismo de las ansiedades y padecimientos que recorren ese campo grupal.

Según Enrique Pichon Rivière, hacen al núcleo de esas ansiedades situaciones de duelo no elaboradas, que se corresponden con pérdidas que ese grupo familiar ha experimentado, y que no ha podido reparar, ni procesar, a veces en más de una generación Esa situación instalada se incrementa en sus efectos patogénicos en una interacción en las que todos y cada uno podrían definirse como victimas y victimarios.

Utilizamos el término victimización para negarlo.

En la psiquiatría clásica esa era en gran medida la concepción del impacto de la enfermedad en el grupo familiar. Desde la misma la familia era víctima del paciente. Era la familia la que sufría la desgracia. El paciente era considerado en gran medida, un verdugo, agresor...o en el mejor de los casos causante de tan profunda perturbación.

Luego se dieron versiones inversas, pero quizás igualmente disociadas. Me refiero a aquella en que la familia aparece victimizando al paciente. De hecho, en la complejidad de esa interrelación, el padecimiento los recorre a todos y cada uno, desarrollándose distintas modalidades de defensa.

Grupo Familiar: Un instrumento terapéutico

Sin embargo, en esa estructura de relaciones puede darse una transformación radical, en tanto los integrantes de ese grupo familiar, analizándose, tomando conciencia de su conflictiva y su historia, pueden ir trabajando las ansiedades que los convulsionan, modificando el carácter patogénico de los vínculos, movilizando roles y aspectos estereotipados de relación, creciendo en comunicación, aprendizaje y sostén recíproco.

En esta tarea, que no se da sin sufrimiento, pero que implica un dolor mucho menor que aquel en que se hallan sumergidos, los miembros del grupo familiar pueden construir y transitar un camino hacia la salud.

Enrique Pichon Rivière comentaba que trabajaba en y con el grupo familiar para que este se convirtiera en una empresa al servicio de la salud, recuperando su tarea, su continencia y su operatividad perdida.

 

DEL PSICOANÁLISIS A LA PSICOLOGÍA SOCIAL

A partir básicamente de estas experiencias en el ámbito de la relación salud / enfermedad / dinámica familiar. Enrique Pichón Rivière irá realizando un cambio de posicionamiento, de perspectiva en la comprensión del sujeto.

Focalizará entonces lo interrelacional, la interacción como proceso central en la constitución de la subjetividad, en sus dos planos, la intersubjetividad y la intrasubjetividad.

Este nuevo posicionamiento lo conducirá –en un camino con vicisitudes- a la elaboración de un concepto fundamental en la psicología social. Nos referimos al concepto de vínculo, que marcará, en un momento, el pasaje del lugar teórico del Psicoanálisis al de una Psicología definida como Social.

Este reposicionamiento se da en tanto se modifica -en la búsqueda de comprender al sujeto y su conducta- el objeto de conocimiento e investigación.

Esta ya no estará centrada en la exploración del inconsciente, tarea que se plantea la teoría y práctica psicoanalítica, sin dejar de lado en su análisis el ínter juego entre procesos concientes e inconscientes, pasa a un primer plano la indagación del vínculo, como unidad básica de abordaje y comprensión del sujeto y su ser en una dialéctica permanente entre intersubjetividad/intrasubjetividad