La terapia vincular psicoanalítica y su técnica

Graciela V. Consoli

La terapia vincular psicoanalítica

Todos sabemos que el psicoanálisis cuenta con algunas premisas básicas que hacen a su esencia intrínseca. Entre ellas podemos citar la sexualidad infantil, la noción de inconsciente y la importancia de la vida fantasmática. Estos elementos van a estar directamente ligados con las concepciones técnicas que Freud estableció para poder conocerlos y modificarlos, mejorando o suprimiendo, de esa manera, el sufrimiento psíquico.

Dentro de la vida fantasmática encontramos los sueños, tema del que Freud nos habló en su trabajo de 1900 “La interpretación de los sueños”. Allí afirmó que los sueños son la vía regia de acceso al inconsciente, vía regia que nos sirve para acceder al inconsciente individual y que, como veremos, nos permite también acceder al inconsciente en las parejas, en los grupos y en las familias.

Tenemos también dentro de la vida fantasmática las fantasías que corresponden a la vida imaginaria del sujeto, el modo en que se representa a sí mismo y en su historia, o en la historia de sus orígenes. Las fantasías guardan una estrecha relación con el deseo, que tiene su origen y modelo en la primera experiencia de satisfacción, motivando que el primer desear sea una carga alucinatoria del recuerdo de la satisfacción.

En la primera tópica del aparato psíquico, Freud plantea este aparato como tres sistemas separados por barreras de represión más o menos intensas, que permiten o no el intercambio entre sistemas. Consciente, Preconsciente e Inconsciente serán los integrantes de este primer modelo del aparato psíquico.

A partir de las enseñanzas freudianas, autores posteriores ahondaron en la noción de inconsciente, particularmente en las vivencias de la psique primaria. Partiendo de la base del vínculo primario, madre bebé, elaboraron teorías sobre la construcción del psiquismo.

Wilfred Bion (1977), uno de estos autores, en su teoría del origen del pensamiento nos habla de dos elementos presentes en el psiquismo neonatal, los elementos beta y los elementos alfa. Los elementos beta son sensaciones, emociones, impresiones sensoriales y vivencias emocionales destinados a ser digeridos, procesados por la función alfa de la madre y así son transformados en elementos alfa, o sea pensamientos oníricos, sueños, recuerdos, los que contienen cierta resonancia afectiva y una penumbra de asociaciones.

Donald Winnicott (1971), también interesado por las vivencias tempranas, se ocupa de discriminar las relaciones entre psique y soma, y su integración. Nos dice que la integración psique – soma aparece gradualmente a partir de un estado primario no integrado. Introduce también la diferenciación entre psique y pensamiento, marcando que éste último (el pensamiento) está aliado a la madre y toma una parte de esa función materna. La madre debe adaptarse a las necesidades del bebé para que la personalidad del niño pueda desarrollarse sin distorsión. La madre suficientemente buena confundirá su psique con la psique primitiva de su bebé.

José Bleger (1971), por otro lado, habla del encuadre como el no proceso, éste está hecho de constantes en cuyo interior sí se desarrolla el proceso. El yo para constituirse se origina en un no – yo cuyo soporte es el encuadre estable, invariable, inmóvil de la institución familiar. Este no – yo es la parte más primitiva de la personalidad, es la base del yo, que al comienzo de la vida está constituida por el núcleo aglutinado. Este núcleo indiferenciado será depositado en el otro, manteniendo así una fusión entre depositario y depositante, característica esta de la simbiosis.

Sabemos que para conocer la vida fantasmática de un sujeto tenemos el camino privilegiado de los sueños; y también será así para poder comprender, tanto la vida fantasmática, como el inconsciente en los vínculos. Pero para ello debemos hacer ciertas consideraciones importantes previas.

En 1976 René Kaës habló del Aparato Psíquico Grupal diciendo que este es la construcción común de los miembros de un grupo para poder, justamente, construir un grupo. Nos dice que se trata de una “ficción eficaz” cuyo carácter principal es asegurar que haya una mediación y un intercambio de diferencias entre la realidad psíquica individual y la realidad psíquica grupal. Éste constituye un espacio intermediario, mediador (característica esta de un espacio transicional) entre la realidad psíquica interna y la realidad social externa.

El Aparato Psíquico Grupal se forma en relación al Aparato Psíquico Individual de dos maneras diferentes:

La Isomórfica, de naturaleza arcaica, que es la consecuencia de la negación de las diferencias entre el aparato psíquico individual y el aparato psíquico grupal, es lo imaginario, narcisista e indiferenciado.

La Homomórfica que está fundada sobre la diferenciación, por una parte, entre el aparato psíquico grupal y el aparato psíquico individual, y por otra parte entre los

aparatos psíquicos individuales. En esta manera de aparato psíquico grupal, se accede ya a lo simbólico.

Para Kaës, el grupo no es una sumatoria de individualidades, sino que tiene fenómenos específicos, diferentes a los fenómenos individuales.

Basándose en esta conceptualización de René Kaës, Ruffiot (1981) ha formulado la teorización de un Aparato Psíquico Familiar. Éste es el aparato psíquico grupal del grupo primario que es la familia. Resulta de la fusión de los espacios psíquicos primarios individuales, su función esencial es la de contener los psiquismos individuales. Es una fusión de espacios psíquicos abiertos por su naturaleza a la comunicación. Lleva en su constitución los caracteres del yo primario, es un aparato hecho de psiquismo puro; su funcionamiento es de tipo onírico; es el encuadre diferenciado, el yo – no-yo que permite a cada miembro (en una evolución normal) realizar una buena integración somato – psíquica y estructurar un yo individual diferenciado a partir de un autoerotismo suficientemente desarrollado.

Existe, como dijimos, una psiquis primaria que es el fundamento de la psique familiar y de toda psique grupal. Basada en los trabajos de José Bleger, Donald Meltzer, Donald Winnicott y otros, esta teorización sugiere la existencia de una fase muy primitiva del yo, en la que existe un psiquismo sin fronteras que se confunde con la psique maternal y paternal (lo que Bleger llamó la posición glischocarica)

Estas vivencias de psique pura son el fundamento de la comunicación inconsciente de la familia, y son también el fondo de todos los fenómenos grupales. La psique primaria constituye el lecho, el encuadre del aparato psíquico grupal y por ende del aparato psíquico familiar.

La técnica

Lo que suele motivar la consulta de una familia o de una pareja es la existencia de un sufrimiento. Ese aparato psíquico primitivo que prestaba apuntalamiento a los miembros se ha roto, la función del aparato psíquico familiar se ha perdido, ya no es el continente que posibilita los procesos de individuación y/o subjetivación necesarios para generar intercambios intersubjetivos, simbólicos y procesos de pensamiento. Lo que se genera en cambio es un pensamiento de tipo operatorio, no simbólico. Han perdido el placer de estar juntos y lo que queda es sufrimiento y des apuntalamiento psíquico.

Nuestra función como terapeutas es la de restaurar en primera medida el aparato psíquico familiar onírico. Debe ser una regresión al servicio del desarrollo psíquico.

A menudo las familias consultan en relación al sufrimiento que les provoca uno de sus miembros que es el portador del síntoma. No se debe privilegiar a ese miembro designado y considerado como el motivo del sufrimiento familiar.

Se utilizará como dispositivo la terapia familiar analítica (Ruffiot), cuyo objetivo es el de tratar el aparato psíquico familiar en su dimensión grupal y no el psiquismo individual. Igualmente, esta técnica permite el desarrollo de procesos individuales y de resultados terapéuticos individuales, pero no es el objetivo principal. El objetivo es la psique familiar, el aparato familiar primario. El funcionamiento que se observa es más arcaico, en su corriente más profunda, que el de la cura individual, y engendra una regresión más profunda.

En este análisis familiar aparece:

  1. Un tipo de funcionamiento mental, la satisfacción alucinatoria del deseo
  2. Funciones precozmente establecidas en la psique familiar, funciones del aparato psíquico familiar.
  3. Un proceso analítico específico

La técnica está fundada sobre dos reglas de toda situación analítica: la regla de la asociación libre y la regla de la abstinencia; a ellas se le agrega una regla propia de la terapia psicoanalítica del grupo familiar, que es la presencia necesaria en cada sesión de al menos dos generaciones distintas (padres e hijos, por ejemplo)

Esta técnica es apropiada tanto para el tratamiento de las familias, como para el tratamiento de las parejas. En este último caso no estará presente, como es de suponer, la regla de la presencia de dos o más generaciones en la sesión.

En la primera entrevista hay un acercamiento grupal, y lleva a la identidad familiar. Se preguntan los nombres de cada miembro, su edad, su status socio – profesional o escolar, su status amoroso.

Si el discurso tiende a centrarse únicamente alrededor del síntoma y de su portador, el terapeuta puede intervenir con algunas preguntas relativas a la dinámica grupal tales como las siguientes: ¿De qué manera se está inquieto en su familia? ¿De qué manera se está triste, deprimido en su familia? ¿Cómo imagina el porvenir de su familia?

También existe un acercamiento grupal y fantasmático, que a través de la pregunta ¿Cómo duermen y cómo sueñan en su familia? Invita a los miembros a relatar los sueños, tanto los últimos soñados como también los más antiguos.

Entonces esta entrevista previa está centrada sobre la identidad grupal de la familia, y llama al funcionamiento fantasmático más profundo.

La primera regla de la terapia familiar analítica es la presencia bi o multi generacional simultánea en la sesión, salvo como ya especificamos para la terapia de pareja donde esta regla pierde su operatividad.

La segunda regla será la de la asociación libre, que es la misma que utilizamos en las psicoterapias individuales.

La tercera regla es la de la abstinencia que también conocemos todos por su utilización en las psicoterapias individuales.

Las sesiones

Se desarrollan con toda la familia reunida, los padres; todos los hijos, en la medida de lo posible; los abuelos si viven con la familia nuclear, o cuando tienen un funcionamiento importante frente a este núcleo familiar.

No tienen lugar si dos generaciones no están presentes (es frecuente que si se realizan reuniones con algunos miembros de la familia se pierden informaciones importantes y además pueden tener efecto sobre la contratransferencia de lo terapeutas).

Se desarrollan en un encuadre neutro.

Tienen una hora de duración, o una hora y media. Pero esto debe ser estable para cada caso.

Se realizan una vez por semana, o cada quince días, siempre que esto también se mantenga estable.

Generalmente se pueden realizar en los consultorios privados en lo casos de familias más cercanas a lo neurótico. En cambio, las familias que presentan patologías más graves, dentro de las que puede haber violencia física (por ejemplo), es recomendable que el encuadre sea institucional.

Los terapeutas

El número de terapeutas puede ser variable. Sin embargo, es recomendable que sean dos; y a veces de acuerdo a las patologías más graves, donde puede predominar agresión y violencia, es de utilidad aumentar la cantidad de terapeutas.

Si es posible es útil que estén representados los dos sexos.

El terapeuta principal es el responsable de la terapia y tiene una parte más importante en las interpretaciones.

Terapeutas y miembros de la familia están sentados en círculo en el mismo plano.

Luego de que tenga lugar la sesión es conveniente que el equipo terapéutico disponga de un espacio de tiempo para elaborar, en conjunto, las transferencias y contratransferencia que han experimentado en la sesión. De esta manera se podrán comprender aspectos de la dinámica familiar como lo renegado, lo escindido, lo transgeneracional, etc.

Pedido de sueños

El onirismo familiar, que es el lugar de fusión de las psiques individuales, constituye el eje central de la terapia familiar analítica. Es el único desvío de la regla fundamental de la asociación libre, ya que se invita a los miembros de la familia a contar sus sueños y lo que asocian a partir de lo relatado en sesión.  La reproducción de la actividad alucinatoria primaria, con sus desarrollos secundarios, permiten a los terapeutas reparar el funcionamiento del aparato psíquico familiar que justamente tiene sus orígenes profundos en un pensamiento alucinado, de sueño.

Bergeret y Guillaumin (Joubert C 2015) muestran la aptitud que tiene el sueño para servir como mediador, como zona de privilegio de encuentro interpersonal en el nivel inconsciente, lo que confirma el status que tiene el onirismo en el desarrollo de las terapias familiares. O sea, el sueño como lugar primordial de la comunicación inconsciente.

El sueño tiene utilidad en los dispositivos de pareja y familia no sólo por el sentido que le podemos atribuir a su producción, sino también porque sirve par ligar diferentes niveles del funcionamiento familiar o de pareja, y las diferentes modalidades que tienen cada uno de sus miembros. Los sueños pueden también poner a la luz aspectos rechazados, clivados o disociados, no solamente los aspectos reprimidos, tanto del soñante como del partenaire y del vínculo que los une. Los afectos y sensaciones rechazados o disociados pueden estar presentes en el sueño del otro. De esta manera se abre un camino a través de “curarse en el otro”, aspecto éste típico de las psicoterapias de pareja y familia.

 

Lic. Graciela V. Consoli

Psicoanalista Titular en función Didáctica de la Asociación Psicoanalítica Argentina. Miembro de la Asociación Psicoanalítica Internacional. Miembro de la Asociación Argentina de Psicoanalistas de Familia y Pareja. Miembro de la Asociación Internacional de Psicoanalistas de Familia y Pareja.

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Bibliografía


Bion, W.
(1977), Volviendo a pensar. Ediciones Horme, Buenos Aires.

Bleger, J. (1975), Simbiosis y ambigüedad.  Editorial Paidós, Buenos Aires.

Consoli, G. (2010), De lo familiar a lo individual y de lo individual a lo familiar. Trabajo presentado en el congreso internacional de psicoanálisis de pareja y familia, Buenos Aires 2010.

Freud, S. (1900).  La interpretación de los sueños. Obras Completas, Amorrortu Editores Buenos Aires.

Freud, S. (1923). El yo y el ello. Obras Completas. Buenos Aires. Amorrortu Editores

Jaroslavsky, Ezequiel. Comunicación personal.

Joubert, C. (2015) Homenaje a André Ruffiot. En Psicoanalisis e Intersubjetividad Nº 8, http://www.psicoanalisiseintersubjetividad.com/

Kaës, R. (2010). Un singular plural. Buenos Aires. Amorrortu Editores. Buenos Aires.

Ruffiot, A. (1981), El grupo familiar en análisis. En La terapia familiar psicoanalítica. Ed. Dunod, Paris.

Winnicott, D. (1971). Realidad y juego. Editorial Gedisa. Barcelona

By |2019-10-30T16:32:51+00:00octubre 16th, 2019|Número 9|Sin comentarios