Una forma de violencia vincular: “Luz de Gas”, Sin ti no soy nada…

Myriam Alarcón de Soler

A manera de introducción


La clínica: “Iván el terrible”

Asiste a la consulta una mujer, Piedad, profesional de 36 años. Es ejecutiva de una empresa importante, y ha tenido múltiples logros académicos y profesionales.  Es una mujer agraciada y muy inteligente. Consulta porque a raíz del rompimiento de una relación afectiva que duro 12 años, no ha podido tener ninguna otra, ni afectiva ni sexual. Se encuentra completamente desmotivada para iniciar una relación, no tiene deseo sexual y se siente congelada en sus afectos.

Ha tenido múltiples terapias e incluso tuvo tratamientos psiquiátricos cuando acabó esta relación que fue tan importante y dolorosa. Cuando terminó sintió “como si le arrancaran la piel”. Esta relación estuvo caracterizada por una atracción sexual muy fuerte, un sometimiento absoluto a los deseos de esta pareja. Iván, (Iván el Terrible) “un hombre egocéntrico, atractivo y particularmente narcisista”, para quien lo único que interesaba era sus necesidades, hijo preferido de una madre condescendiente y que estaba dispuesta a cumplir todos sus caprichos y a justificar todos sus errores.

Durante todos estos años la relación transcurrió en un estado de alerta y de incertidumbre. Iván miraba otras mujeres, con quienes coquetea abiertamente, haciendo sentir a Piedad fea e inadecuada, la ignoraba cuando iban a reuniones, y cuando ella reclamaba, Iván le decía, que “por qué iba a estar con ella en estas reuniones, que no sabía de qué estaba hablando, que para eso estaban juntos todo el día”. La avergonzaba frente a sus amigos, y ella creía que tal vez no era suficientemente bonita, o atractiva como otras mujeres.

Él decidía cuándo y cómo se veían. Cuando estaban solos la relación era idílica. Si Iván se molestaba por algo -que nunca era claro-, podía desaparecer por días o semanas, durante las cuales Piedad se llenaba de culpa y paralizaba en esta espera, se preguntaba en qué habría fallado. Tenía entonces ataques de angustia, diarrea, no dormía. No se atrevía a llamarlo porque él no le respondía. Al cabo de un tiempo, siempre incierto, Iván volvía como si no pasara nada, lleno de amor. En ciertos momentos Piedad era capaz de tener una mirada crítica acerca de su relación pero al mismo tiempo se sentía incapaz de romper. Finalmente, después de doce años, ella decidió romper definitivamente, no podía aguantar más. Entró en una franca depresión. Ahora, cuatro años después, tiene claro que no quiere nada con Iván pero las consecuencias de la relación la acompañan…Aún añora los tiempos felices… Y se avergüenza de ello.

La clínica, tanto individual como vincular, nos presenta con situaciones donde ciertos vínculos, especialmente los vínculos de pareja, presentan características de lo que podríamos denominar abuso psicológico, otros autores lo denominan “acoso moral”. Este tipo de relaciones surge entre un sujeto narcisista y otro sujeto que está dispuesto a complacer a toda costa. El maltrato que las caracteriza es desmentido por los participantes.

El caso de Piedad que podría ser paradigmático de este tipo de vínculos despierta interrogantes teóricos y clínicos. ¿Qué lleva a esta mujer a entregarse de esta manera a un hombre que la maltrata y la denigra? ¿Cuál es la dinámica inconsciente subyacente? Y ¿cuáles serían las propuestas de abordaje y de indicación?

Tres películas, una, clásica, Gas Light o Luz de gas (1944), otras más recientes, Big Eyes u Ojos Grandes [1] (2014) y La esposa (2017) se inspiran en vínculos de esta naturaleza. En este trabajo presentaremos nuestras reflexiones acerca de este entramado vincular, de la dinámica inconsciente de los sujetos que los conforman, y por último, proponemos algunas ideas para el abordaje clínico.

“Luz de Gas”: una desmentida de la realidad

El “gas lighting” o “luz de gas” es una forma de violencia vincular   presente en ciertos vínculos de pareja en los cuales prima, entre otras cosas,  la asimetría, la desmentida, y el maltrato psicológico. Esta asimetría favorece el abuso psicológico de uno de los partenaires, sobre otro que queda colocado en el lugar de “víctima”. (Canonville habla en sus últimos escritos de un “co-narcisista” (2018)).

El término “gas-lighting” deriva de la película “Luz de Gas”, “Gas lighting” o “La Luz que agoniza” dirigida por George Cukor, (1944),   inspirada en una pieza de teatro de Patrick Hamilton y   protagonizada por Charles Boyer e Ingrid Bergman.

La película describe el vínculo entre un hombre ambicioso y narcisista que quiere quedarse con la herencia de su esposa, y una mujer frágil y huérfana, perdidamente enamorada del protagonista. El título de la película deriva de las lámparas de gas (gas light) que el marido usa en el ático mientras busca las joyas de la tía de su mujer… Cuando la mujer señala los cambios en la intensidad de las lámparas de gas, el marido insiste en que no son más que delirios. En realidad quiere demostrar que está loca y recluirla en un manicomio. La mujer se siente cada vez más frágil y aislada. Este hombre es todo para ella, solo puede ver o creer lo que él dice o piensa… Está loca de amor. La desmentida sistemática la lleva a pensar que está perdiendo la razón.

En la literatura actual Gaslighting o “luz de gas” se refiere a “…una forma de abuso psicológico que consiste en presentar falsa información para hacer dudar a la víctima de su memoria, percepción y/o cordura”. (Wikipedia). “La intención es desbalancear de manera sistemática el equilibrio mental de la víctima, minar su autoconfianza y autoestima de modo que ya no sea capaz de funcionar de manera independiente.” (Canonville, 2014).

Se da entre un perverso narcisista y su partenaire, quien queda atrapado en un vínculo de alienación, maltrato y diversas situaciones paradojales. La “vergüenza engendra vergüenza” es el título de un libro de Canonville (2018). Según esta autora el narcisista no tolera la vergüenza de no ser perfecto y esto lo lleva a experimentar rabia y envidia narcisista que descarga en forma vengativa sobre su pareja, en forma de diversos vejámenes. Barros (2014) considera que la vergüenza se refiere a “un malestar que se presenta al sujeto frente a la manifestación de una característica o rasgo íntimo o, más aún, ajeno para sí mismo y que, manifiestamente, no quiere exhibir ante los otros. Remite a la idea de que se transgrede una regla que estipula “que debe hacerse y mostrarse y que no”. (“En busca de la vergüenza perdida” 2014, pag.190).

Si bien este tipo de vínculo es más frecuente entre un hombre narcisista y una mujer dependiente, puede darse también en otro tipo de vínculos de pareja,  en relaciones de trabajo, entre un jefe y su subordinado, entre un padre o madre y sus hijos, entre hermanos. Anota Canonville (2018) que los hombres narcisistas son más abiertamente agresivos y las mujeres narcisistas recurren a la violencia emocional, en forma de manipulación, amenazas, silencios, etc.

“La esposa”: Sin ti no soy nada

“The Wife” (2017) es una película de drama dirigida por Björn Runge y guión de Jan Anderson, basada en la novela homónima de Meg Wolitzer, y elenco protagonizado por Glenn Close y Jonathan Pryce. Se la ha relacionado con las películas de Bergman.

Es la historia de una pareja   Joan y Joe casados desde hace   cuarenta años, tienen dos hijos. Joe espera recibir el Premio Nobel de   Literatura. En la primera escena vemos   a Joe y Joan   (nótese la similitud de los nombres) en la cama esperando la llamada de Suecia.  Cuando les confirman la noticia, Joe en un estado de euforia toma su mujer de la mano y empieza a saltar con ella sobre la cama. Joe exclama: “Lo logré lo logré” Ella cambia súbitamente de humor y se va a vestir.

La historia continúa durante los días en que van a Estocolmo a recibir el premio. Ella aparece como una mujer discreta, él como un hombre arrogante, narcisista y omnipotente. Las relaciones de Joe con su hijo son difíciles. Su hijo está pendiente de su aprobación pero él lo trata como un niño y minimiza sus logros. Entre celebración y celebración en las cuales   Joe es el centro de atención se comienza a filtrar el malestar de la relación de pareja. Los reproches de Joan son mudos. Él la trata de forma despectiva,  la avergüenza cuando dice frente a otros que ella no escribe, seduce a una fotógrafa, se ufana de sus logros, de su inteligencia. Está imbuido en la gratificación de su premio y carece de empatía frente a Joan o frente a su hijo.

Cuando se conocieron Joe era un atractivo profesor universitario, casado, seducía a sus alumnas a quienes deslumbraba citando a Joyce.  Joan deseaba con toda su alma ser escritora, era muy creativa, bonita, esforzada y muy insegura.  Se enamora perdidamente de Joe y se vuelve su amante.  Joe es un escritor mediocre, pero no acepta críticas, solo una adoración sin condiciones. Cuando ella le señala que a sus textos les falta vida él la amenaza con romper la relación. Joan siente que no puede vivir sin él.  Joan empieza a corregir sus textos y a la larga termina escribiendo los libros y él recibiendo los méritos.   Cuando ella consigue que le publiquen a Joe su primera novela, saltan en la cama diciendo “Lo logramos”, exclamación que incluye un “nosotros”, situación bien distinta de lo ocurrido muchos años después. Se consolida así  un  secreto entre los dos, un aparente acuerdo: frente a sus hijos y frente al mundo él es el escritor famoso y Joan quien lo apoya en la corrección de sus textos. Un acuerdo mediante el cual es él que brilla y ella la que se opaca, pero que le permite escribir y ser leída.

Una tarde en Estocolmo un periodista se reúne con Joan y le sugiere que tal vez es ella la que escribe. Le ha llamado la atención la diferencia de la calidad de los primeros escritos de Joe que son mediocres y el primer cuento que escribe Joan llamado “La esposa del profesor” que es muy bueno. Para Joan en ese momento empieza a hacerse evidente la gravedad de la situación en la cual están envueltos, el secreto que ocultan y los avergüenza, y toma conciencia de la trama de violencia de la cual ha sido víctima.  Decide separarse y se lo comunica a Joe. Éste no se puede imaginar la vida sin ella y muere de un infarto.

¿Qué ha llevado a Joan a acceder a este lugar de descalificación y maltrato al servicio de un hombre narcisista y despótico? Joan no concibe su vida sin él, le ha entregado su alma, sin él no podría vivir.  Por otra parte escribir es su motor de vida. En el contexto sociocultural donde están inmersos, ella considera que no hay lugar para que una mujer escritora tenga éxito.  Siente que un escritor necesita escribir para poder vivir pero también necesita ser leído. Paradoja imposible para Joan que no tiene o no tuvo la personalidad para luchar de otra manera. En este acuerdo inconsciente, que resulta tanático, encontró la manera de poder expresar su gran talento, su sensibilidad,  su visión de la vida detrás de la máscara de Joe. Joe no mide la dimensión de sus renuncias, del maltrato inherente a esta situación. Ella renuncia a sí misma para complacer a Joe. Joan queda convertida en un “objeto de uso”. Joan está alienada, aislada y denigrada y llena de rabia. Sin embargo, en un contexto diferente, toma consciencia de las renuncias que ha tenido que hacer para sostener esta relación.

El perverso narcisista

El perverso narcisista, denominado así por el psicoanalista Paul- Claude Racamier (2012) es la personalidad que Otto Kernberg (1987) describe como narcisismo patológico. Según Kernberg el narcisismo patológico es “un tipo específico de patología del carácter que se centra en la presencia de un sí mismo grandioso patológico… Los individuos con personalidad narcisista tienden a ser desordenadamente envidiosos de otros, idealizan a algunos de quienes esperan abastecimientos narcisistas, y tratan con desprecio a aquellos de quienes no esperan nada (a menudo sus ídolos anteriores.) Sus relaciones con los demás son con frecuencia explotadoras y parasitarias. Debajo de una superficie que es atractiva y simpática, se siente frialdad y crueldad.” (1987, 174-5).  Bouchoux, J.C (2016) prefiere hablar de mecanismos perversos narcisistas. Según este autor el perverso narcisista utiliza el vínculo familiar, profesional o sentimental para someter al otro. 

Desde lo vincular

¿Qué tipo de pareja elegiría el perverso narcisista? ¿Qué tipo de pareja elige a un perverso narcisista? ¿Cuáles podrían ser las motivaciones inconscientes de ésta particular modalidad de goce, de este enlace mortífero?

Según Alberto Eiguer (2008, 2012), los perversos narcisistas, son aquellos que bajo la influencia de su yo grandioso intentan crear un vínculo con otro, haciéndole creer que el vínculo con él es irremplazable. Buscan en el otro aquello de lo cual carecen. Su elección recae sobre alguien a quien admira y envidia a la vez, a quien pueda explotar, y al final, descartar cuando ya no le sirve para sus propósitos de satisfacción narcisista.

La  pareja, por lo general perfeccionista, trata de complacerlos y de cumplir sus expectativas sin darse cuenta que la trampa está en que se trata precisamente de que estas expectativas no se llenen jamás, y de sostener el estado de incertidumbre y de culpa que la va minando sistemáticamente, como en el caso de Joan.  Agregaría que la “víctima” (M. Hyrigoyen, Canonville, Bouchoux-) por lo general es un sujeto con profundas carencias afectivas y/o abandonos recientes, que se siente halagado/a y cree recobrar su autoestima al ser “elegido/a” por un personaje que se presenta como atractivo, fascinante y lleno de sabiduría y poder. En su infancia posiblemente padeció la influencia de un padre o madre narcisista a quien sentía que debía complacer para estar a salvo. (Canonville, 2018). Puede incluso llegar a creer que es posible “redimir” a su pareja de sus “problemas psicológicos”, de su “egoísmo” o de su “narcisismo”. Pasa años añorando las primeras etapas de la relación, por lo general idílicas creyendo que está dentro de sus posibilidades cambiar el curso de la relación o la personalidad de su pareja. Atrapada en  un proceso sistemático de alienación, poco a poco se pierde a sí misma. La fantasía inconsciente que domina a la víctima   es que es imposible existir ni vivir sin el objeto amado, trasformado, al decir de   Aulagnier (1980) ya no en objeto de deseo sino en objeto de necesidad. Como en la película “The Wife”, “sin ti no puedo vivir…”

El “acoso moral”: algo más desde lo vincular

Hirigoyen (2000) ha denominado al gas-lighting como Acoso Moral.  Según Hirigoyen “la relación de acoso se desarrolla en dos fases: una de seducción perversa; otra, de violencia manifiesta.” (pag.79) Racamier, P.C. (2012) denomina a esta etapa “quitar el seso” porque la víctima pierde su capacidad crítica, su capacidad de pensar. Cannoville (2014) describe tres etapas en este proceso: idealización, devaluación narcisística, y descarte.  Las denomina “…las tres caras del mal”.

En un principio quien seduce, adula y hace sentir a la pareja como especial, única.  La “víctima” va perdiendo la posibilidad de ver o pensar aquello que le ocurre. “…aunque reconozca su sufrimiento, no se atreve realmente a imaginar que ha habido violencia y agresión.” (Hirigoyen, 2000, pag 16). Justifica las agresiones culpándose a sí misma, minimizando la violencia que padece. Otras veces la oculta porque se siente avergonzada de la situación de la cual no consigue salir. El agresor no tiene empatía hacia la víctima, más bien la envidia y la odia por las cualidades que ella posee y de las cuales el carece. La agrede para anularla y rescatar nuevamente su narcisismo herido.

El discurso paradójico y otros mecanismos vinculares

Son varios los mecanismos mediante las cuales el perverso narcisista entrampa y enloquece a su partenaire. Una de las armas más eficaces es el discurso paradójico. Houdoy, H. lo resume como “decirlo todo y lo contrario de todo.” Dice falsas verdades, produce una confusión entre lo que es verdad y lo que es mentira, emplea la paradoja generando situaciones sin salida, proyecta en el otro la culpa, y la víctima, perfeccionista, en su necesidad de complacer, la asume. (Bouchoux, 2016).  Otras armas que utiliza el narcisista son la desmentida, la descalificación, la humillación, la denigración, la culpabilización sistemática, la amenaza, el aislamiento progresivo, tácticas que muchas veces son alternadas con muestras de arrepentimiento, de promesas vanas, de ruegos que hacen creer a la “víctima” en su supuesto arrepentimiento.  Dice Bouchoux (2016) que el perverso narcisista puede llegar a pedir perdón siempre y cuando le sirva para algo, no porque sienta culpa o verdadero arrepentimiento del daño causado. Una vez que la víctima desiste de sus intentos de separarse, el círculo tanático vuelve a empezar.

A pesar del sufrimiento que esta modalidad vincular conlleva para uno de los sujetos estos vínculos sorprenden por su permanencia. Es difícil que se rompan puesto que el perverso narcisista también depende de su partenaire para sus suministros narcisistas. La abandonará solamente cuando deje de “servirle”.  La “víctima” -debilitada psicológicamente y con frecuencia aislada-, pocas veces tiene la capacidad de separarse a pesar de los maltratos y de los vejámenes que padece. Como la violencia por lo general no es física sino psicológica puede desconocer la gravedad de lo que ocurre. La desmentida la lleva a minimizar la gravedad de su situación, la atribuye a su baja autoestima, a su inseguridad, a su falta de inteligencia o de juicio. Alterna entre momentos de toma de consciencia que la llenan de vergüenza y culpa para luego idealizar o justificar a su pareja.  Cuando finalmente la relación se rompe sus efectos dejan huellas devastadoras en la víctima.

La alienación: “Sin ti no soy nada” 

Aulagnier en su obra Los Destinos del Placer (1980) ha descrito la alienación como “una patología de la idealización”, mediante la cual el sujeto intenta reducir el conflicto al mínimo y evitar el sufrimiento psíquico derivado de la zona de encuentro. En los vínculos caracterizados por la alienación, el sujeto deja de tener un pensamiento propio, y queda subsumido en el pensamiento de otro, el sujeto alienante, quien se erige como el poseedor de la Verdad. Uno de los sujetos del vínculo ejerce sobre el otro una fascinación tal que le impide moverse, preso en una trama vincular a predominio de aquello que denominó Puget (1988) “objeto único”. La construcción vincular de un Dos vincular (Puget, 2003), de un “Nosotros” no es posible. Está ausente “…un lazo que nos constituya permitiendo enlazar el amor al deseo y al goce…” Makintach (2010).

Para Vegh, I (2017) el vínculo con un prójimo implica un tope que en este tipo de vínculos está ausente puesto que uno de los sujetos “no reconoce ni confirma la existencia a ese Otro”. Vínculo a predominio de Uno, a predominio de un goce mortífero.

A manera de síntesis

Desde el punto de vista psicopatológico podríamos pensar las películas Luz de Gas , Big Eyes , The Wife y el caso clínico, dentro de lo que Aulagnier (1980)  ha descrito como las relaciones asimétricas, en las cuales la posibilidad de dar placer no es equiparable con la posibilidad de generar sufrimiento. Existe en este tipo de vínculos un goce, una condición tácita: la prohibición de dejar el vínculo, la imposibilidad de romper esta relación puesto que la supervivencia psíquica está en juego. Imposible “perder la piel”, imposible ver, imposible pensar, imposible vivir sin el otro, imposible no enloquecer. Pero imposible seguir…Acuerdos inconscientes que resultan tanáticos.

Espacio terapéutico e indicación

Son muchas las cuestiones que este tipo de violencia vincular plantea al terapeuta vincular. Una de esas, de extrema importancia, se refiere a la indicación. ¿Será pertinente o no un trabajo vincular? Ciertos aspectos nos cuestionan la viabilidad o pertinencia de este dispositivo.

Por lo general el trabajo vincular se torna infructuoso debido a la escasa posibilidad de cambio de los sujetos con mecanismos perversos narcisistas. La demanda de estos emerge ante la posibilidad de la ruptura del vínculo y/o por solicitud de su partenaire. Ante la inminencia de la ruptura pueden acceder a consultar un terapeuta vincular. La propuesta conlleva la intención de retener a su pareja a toda costa. El “arrepentimiento”, “culpa” y “perdón” que pueden expresar en la consulta obedecen más bien a tácticas para convencer a su pareja de su amor, pero desmienten el sufrimiento que ocasionan. El arrepentimiento inicial y los cambios en su conducta se tornarán efímeros cuando vuelvan a asegurar la continuación de su relación.

En estos casos el dispositivo vincular tiende a ser escenario de los reproches y descalificaciones, con lo cual se puede recrear en el dispositivo terapéutico la misma violencia que caracteriza esta modalidad vincular.

Todo esto plantea dificultades transferenciales y técnicas. Por una parte, el terapeuta puede correr el peligro de “involucrarse” (Matus y Rojas, 2015), en el sentido de perder su capacidad de reflexión; y por otra, los funcionamientos inherentes a la patología del gas-lighting dificultan la construcción de un espacio posible donde la victimización y maltrato de uno de los miembros de la pareja hacia el otro no se instalen también en la el dispositivo.

Barros, G y otros (2012) han caracterizado “lo obsceno” como “aquello que debe ser velado, que debe quedar fuera de la escena”.  La violencia propia del gas-lighting puede ser difícilmente “velada” y más bien el dispositivo vincular será un escenario propicio para el despliegue de la violencia de uno sobre otro y debido a la fascinación que genera el narcisista, el terapeuta puede caer víctima de su contratransferencia y no poder parar la violencia vincular.

Todo lo anterior nos lleva a proponer el dispositivo individual como el más indicado en estos casos, de tal manera que le permita al sujeto atrapado en este tipo de vínculo ir construyendo un espacio de reflexión; ir recuperando su capacidad de pensar y su autoestima; ir reparando su narcisismo dañado; y pueda ir desprendiéndose de este vínculo violento que lo ciega y enloquece.

 

Myriam Alarcón de Soler

Psicóloga Clínica, M. A. Universidad Javeriana, Georgia State University. Miembro Titular de la AAPPG. Corresponsal en el exterior de la AAPPG.

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Agradezco al Grupo de Profundización en Terapias Vinculares, Bogotá, sus aportes y comentarios. Ver “Ojos Grandes, ojos Ciegos” (2017) Revista de la AAPPG.

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Bibliografía

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Resumen

Violencia Vincular, Gas Lighting, “Sin ti no soy nada”

A partir de un caso clínico y de las películas, Luz de Gas (1944) y La Esposa (2017) analizamos una forma de violencia vincular denominada “gas lighting” o “luz de gas”. Vínculo a predominio de un goce mortífero, caracterizado por la alienación y la asimetría, conformado entre un perverso narcisista (Racamier, Kernberg) y su partenaire. A pesar el maltrato del que es objeto, la “víctima” denominada también por Canonville como el “co-narcisista” se siente incapaz de romper la relación puesto que su pareja se  ha transformado para ella en “objeto de necesidad” (Aulagnier), y siente que “sin ella no puede vivir”. Relación a predominio de “objeto único” (Puget).

En cuanto a la indicación terapéutica, el trabajo vincular se torna no solo infructuoso sino contraindicado debido a la escasa posibilidad de cambio del perverso narcisista, y el riesgo de recrear en el dispositivo la misma violencia que caracteriza el vínculo. Proponemos el trabajo individual como el más indicado para el sujeto víctima de esta violencia vincular.

 

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Palabras clave

Violencia vincular. “Gas-lighting” (luz de gas). “La Esposa”. Alienación. Asimetría. Perverso Narcisista. Partenaire “Víctima”. Acoso Moral. Objeto de Necesidad.  Discurso Paradójico. Goce mortífero. Indicación Terapéutica. Psicoterapia individual.

 

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Summary

Violent Relationships, Gas Lighting. “I am nothing without you”

A clinical case and two movies , one classic, “Gas Light” (1944) and another one from recent years, “The Wife” (2017)  we analize  a particular kind of violence in couples in which the partners are trapped in a mortal “jouissance”. In this  relationship -characterized by alienation,  lack of symmetry- one of the partners, the perverse narcissistic (Racamier, Kernberg)  has all the power over the other one. Despite the suffering, the “victim” (Canonville) is unable to leave this relationship because her partner has been turned into a “needed object” (Aulagnier), a “unique object” (Puget)

Couple therapy may not be recommended for these patients because there is little possibility of change in the narcissistic partner.  We consider that an individual treatment with the so called “victim” may open the possibility of reconstruction of her damage self- esteem.

 

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Key words

Couple violence. “Gas-lighting”. “The Wife”. Alienation. Asymmetrical relationship. Perverse narcissistic. “Victim” couple. Moral harassement. Paradoxical Communication. Mortal “jouissance”. Therapeutic proposal. Individual Psychotherapy.

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Résumé

Une forme de violence dans le lien: “Gas Lighting”: « Sans toi je ne suis rien » 

Un cas clinique et deux films, l´un  classique,  « Gaslight ou Lumière de gaz » (1944), et un autre plus actuel, « The Wife »(2014), sont utilisés pour exemplifier une forme de violence dans le lien, appelé « gaslighting » ou « Lumière de gaz ».

Il  s´agit d´un type de rapport ou prédomine une jouissance mortelle, caractérisé par l´aliénation et l´asymétrie entre un pervers narcissique (Racamier, Kemberg) et son partenaire. Malgré l´abus dont il est l´objet, la « victime » (Canonville) a le sentiment d´ être incapable de mettre fin à ce lien parce que son partenaire est devenu « objet de besoin » (Aulagnier), « objet unique » (Puget).

En ce qui concerne à l´indication, le travail avec le lien devient stérile en raison de la faible possibilité de changement du pervers narcissique. La psychothérapie individuelle est proposée comme la plus convenable pour le sujet victime de cette violence du lien.

 

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Mots clés

Violence dans le lien. « Gas lighting » ou « Lumière de gaz ».  The Wife Aliénation. Asymétrie. Pervers narcissique. Partenaire « Victime». Harcelement moral. « Objet de besoin ».Discours paradoxal.  Jouissance mortelle. Indication therapeutique. Psychothérapie individuelle.

 

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Resumo

Violência Vincular: “Gas Lighting”: “Sem você não posso viver”

Um caso clínico y dois filmes, uma, clássica, Gas Light ou Luz de Gás (1944) e outra mais recente, The Wife (2017) exemplificam uma modalidade da violência vincular denominada “gas lighting” ou “luz de gás”. Vinculo ao predomínio dum goze mortífero, caraterizado pela alienação e a assimetria, que se da entre um perverso narcisista (Racamier, Kemberg) e sua partenaire. Embora o maltrato do que é objeto, a “vitima” (Canonville) sente se incapaz de quebrar a relação posto que seu casado se há transformado para ela em “objeto da necessidade” (Aulagnier) u “objeto único” (Puget)

Em quanto à indicação terapêutica, o trabalho vincular torna se infrutuoso devido à escassa possibilidade de câmbio do perverso narcisista.  Propomos o trabalho individual como o mais indicado para o sujeito vitima de esta violência vincular.

 

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Palavras clave

Violência vincular. “Gas lighting” ou “luz de gás”. The Wife, film. Alienação. Assimetria. Perverso narcisista. Partenaire “vitima”. Assedio moral. “Objeto da necessidade”. Discurso paradoxal. Goze mortífero. Indicacao terapêutica. Psicoterapia individual.

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Notas

[1] En el artículo “Ojos Grandes, Ojos Ciegos” (2017) me ocupo ampliamente del análisis de este film.

By |2019-10-30T16:32:46+00:00octubre 28th, 2019|Número 9|Sin comentarios