Introducción
Doy por sentado la existencia de una clínica vincular en la que los psicoanalistas podemos y debemos intervenir.
Para dar un marco a lo que sigue, resaltaría que lo vincular, lo familiar, es una perspectiva que ha sido incluida en el campo de la salud mental y en el psicoanálisis en tiempos relativamente recientes[1]. Su inserción no coincidió ni con los comienzos del psicoanálisis, ni con el matrimonio que se dio – a partir de 1910 con el que por influencia de Freud y Bleuler, postuló un nuevo modo de comprender la esquizofrenia -, durante el siglo XX entre la psiquiatría y el psicoanálisis[2], del que surgió la llamada psiquiatría dinámica, ni se atendió a la familia en el campo de la salud mental en la primera parte del siglo XX.
La familia, y lo que ocurría en ella, no era una temática relevante en los inicios del psicoanálisis, ni en los hospitales psiquiátricos, ni en los dispensarios de salud mental[3].
Más aún, diría que recién cobró total dignidad en el campo de la Salud Mental en la Conferencia de la OMS sobre Prevención Primaria en Alma Ata (1978), en la declaración que establece el determinante papel de la familia (lo pongo en cursiva para destacarlo) y la comunidad en el campo de la prevención primaria[4].
En este texto, a modo de prólogo, intento contarles en una apretada y esquemática síntesis, una cartografía acerca de cómo veo, en tanto psicoanalista, la clínica vincular. Sugiero que, para intervenir en esa clínica y fundamentar la creación de instrumentos para operar en ese campo, tenemos que considerar por lo menos tres ejes.
1) La diversidad de la familia.
La descripción que hagamos de la pluralidad que existe hoy en día en las configuraciones vinculares tendría que dar cuenta tanto de su complejidad, como de los cambios que han ocurrido en las mismas en los últimos años.
2) La multiplicidad y la sustantividad de la indicación en la que se nos demanda intervenir en la clínica vincular.
3) La(s) teoría(s) que tenemos sobre los cimientos metapsicológicos del conflicto vincular.
Propongo entonces que en el cruce, en la intersección de la complejidad planteada por estos tres ejes, tenemos que pensar la clínica vincular.
Unas pocas palabras sobre cada uno de ellos.
1) La diversidad de las familias en la sociedad actual
Mi descripción sobre la diversidad que se da en la sociedad actual en las configuraciones familiares no presume de rigor antropológico. Necesito una y tomo para hacerla desde mi visión – la de un clínico que trabaja con parejas y familias, con un marco de referencia psicoanalítico, en la consulta privada y en el campo de la salud mental – la que observo, a grandes trazos, tomando en cuenta la aceptación social que tienen las distintas formas de concebir los vínculos y su inclusión o no dentro del marco normativo/jurídico de la sociedad en la que vivo.
Sabemos que en la actualidad, en esta parte del mundo, encontramos una enorme diversidad en las configuraciones familiares. Pero también tenemos que estar avisados que, si bien las familias han sido diferentes a lo largo de la historia, cada sociedad ha tomado un modelo, y lo ha “naturalizado”[5]. Cada época ha concebido de un modo particular lo que considera “normal” y a poco andar esta “normalidad” se la naturaliza y no se la considera solidaria con las convenciones del momento, sino eterna. En esa línea, no perdamos de vista, que aunque variable para cada espacio territorial y tiempo, cada época histórica y cada sociedad ha fijado estándares de normalidad y a partir de ellos edifica criterios taxonómicos que supone “naturales”.
Para partir de algún lugar, digamos que, aún con los sacudones sociales que se han sucedido, todavía las formas de relación que se suponen “normales”, “naturales”, en el mundo occidental son las propias de la modernidad: la familia nuclear compuesta por las estipulaciones clásicas de la estructura de parentesco: papá, mamá e hijos de esta pareja.
Sobre este telón de fondo, respecto de la diversidad de las configuraciones familiares, en particular la diversidad de conformaciones familiares actuales en Occidente, podemos diferenciar esquemáticamente:
1a) La familia moderna
Advirtamos que la familia moderna es una construcción cultural reciente, es una producción social del siglo XX. Lo novedoso de esta nueva institución es que se trata de una pareja y una familia que encuentra su fundamento en la ilusión de un amor recíproco. Me estoy refiriendo con esto – la pareja moderna – a lo que provocativamente llamó Denis de Rougemont[6] “un invento de Occidente”: una pareja sustentada y nacida de la apasionada ilusión del amor recíproco. Un elemento más a destacar es que se suponía que en esa “nueva pareja” se articulaba el amor con la sexualidad.
La constitución de la pareja que funda la familia moderna, a diferencia de las formas previas, se establece mediante la creación de un tejido imaginario que encuentra su “materialidad” en el enamoramiento, el que debe dar sustento a una compleja trama emocional. Esto último es lo que sustantiva a la pareja moderna, en la apoyatura en ese tejido radica lo novedoso que caracteriza a este “invento de Occidente”.
Señalemos entonces – para encuadrar el tema y fundamentar el inicio de este “nuevo modo” de constituir la pareja en el siglo pasado basado en “el amor recíproco” – que no siempre se amó del mismo modo.
El apasionado amor recíproco en el seno de una pareja es un sentimiento que recién se empezó a concebir en el medioevo[7], posteriormente fue glorificado por el romanticismo en el siglo XIX[8], mientras todavía reinaba el matrimonio concertado, aunque – ese matrimonio concertado – concitaba ya en esa época una fuerte insatisfacción[9].
Más tarde, el amor recíproco, en el siglo XX, dio las bases emocionales a la pareja occidental forjándose una generalizada realización social de este modo de vincularse después de la primera guerra mundial[10].
También señalemos que la familia moderna ha ido cambiando en las últimas décadas. A poco pensar, debiéramos admitir que en los últimos años, la familia moderna se ha autonomizado cada vez más de la familia extendida, conformando un conjunto cada vez más separado, aunque todavía conserva importantes relaciones tanto con los ascendentes como con los familiares de la misma generación.
Es importante señalar que la solución alcanzada por la pareja moderna no instituyó una forma definitiva. Con el andar del siglo XX se exploraron nuevas formas de intercambio sexual y pasional. Si bien podríamos coincidir que la pareja moderna es un modelo aún existente, debiéramos conceder que la pareja heterosexual estable vive más en el imaginario social y cultural que en la realidad. Hoy en día, en los comienzos del siglo XXI, esa pareja y la familia moderna, conviven con otros conjuntos vinculares, las conformaciones familiares de la pos-modernidad[11].
1b) Las conformaciones familiares pos-modernas
Las conformaciones familiares de la pos-modernidad han logrado reconocimiento social y una juridicidad dentro del aparato legal del estado; las conformaciones familiares de la posmodernidad son una parte importante de este mundo.
Una buena parte de las familias actuales son familias ensambladas[12](confluencia de diversas familias que se “ensamblan”), recomposiciones de las familias preexistentes en una nueva con “mis hijos, tus hijos y nuestros hijos”. Junto con ella, otras “nuevas conformaciones” también han logrado un lugar dentro de los enunciados de fundamento de la cultura: además de las familias ensambladas, conviven en nuestra sociedad las uniones de parejas del mismo género, familias homoparentales, familias uniparentales, y también los que “eligen vivir solos”.
Diferencio dentro de estas “nuevas conformaciones” dos grupos:
a) las que han logrado un lugar dentro de los enunciados de fundamento de la cultura y que además cuentan con un “sostén narcisistico propio”, como el que suelen tener, cuando lo tienen, las familias ensambladas, las uniones de parejas del mismo género, los que “eligen vivir solos” y
b) las que, con formas parecidas o no, no lo han logrado. Me refiero a las “conformaciones que no han conseguido” un reconocimiento social, o que viven sus relaciones familiares como muy deficitarias, muy insatisfactorias, o no las pueden sostener.
Anticipo que cuando describa los caracteres definitorios de las familias marginales, incluiré dentro de ellas a este segundo grupo de estas nuevas configuraciones.
1c) Las conformaciones familiares que responden a otros paradigmasculturales[13].
En este grupo ubico las configuraciones familiares que – generalmente por efecto de migraciones – provienen de otros marcos culturales, y por lo tanto se sustentan en otros enunciados de fundamento que los acostumbrados en “nuestro mundo”. Estas, por cierto, plantean problemas particulares cuando nos consultan. Sabemos que sólo teniendo conciencia de las propias creencias y certezas, dadas por el entorno cultural en que vivimos, se puede crear un espacio de escucha y reconocimiento de las necesidades específicas y de la subjetividad particular de cada familia. Cuando somos demandados por familias cuyos hábitos y costumbres son diferentes a los usuales del grupo social al que pertenecemos esto, como es obvio, se pone de manifiesto más crudamente.
Con las configuraciones que responden a otros paradigmas culturales es aún más importante tener en cuenta el valor siempre central que tienen las creencias. Me refiero en especial a las creencias en cada familia sobre como es la familia, tanto de las personas que demandan atención, como las del profesional que las asiste. Toda familia tiene creencias propias sobre cómo “debe ser” una familia, cómo “deben ser” las cosas, cuáles son los ejes axiológicos que deben primar.
Tenemos que estar avisados que el malentendido inevitable que tenemos con cualquier familia, está potenciado cuando nos dirigimos a personas o familias que pertenecen a otro paradigma cultural y sobre todo cuando suponemos que con “lo mismo”, decimos “lo mismo”.
1d) Las formas familiares marginales al sistema y al aparato jurídico socialmente establecido
Cada sociedad además de definir e instituir lo que considera “normal”, “natural”, por acción o por omisión define e instituye lo que no debiera ser, o lo que es marginal a la misma.
Las familias marginales existen entonces, en los bordes de la sociedad organizada, y su sustantividad surge:
1- especialmente, pero no únicamente, por efecto de la expulsión provocada por los crecientes niveles de anomia social, por la pérdida del estado de bienestar, por la globalización, por la migración.
Estas familias marginales, aunque en oportunidades suelen tener formas de relación que tienen la apariencia de las configuraciones familiares de la modernidad o de la posmodernidad, o intentos no logrados de integración , no tienen un lugar en la sociedad, ni cuentan en su seno con cimientos que den un punto de apoyo para desenvolver sus conflictos y eventualmente elaborarlos.
2 – por la aparición de configuraciones que por su forma son rechazadas por el consenso social, o por el orden jurídico. Estas otras familias son marginales porque sus caracteres no guardan las formas habituales de las configuraciones familiares conocidas y aceptadas por la sociedad.
Estas configuraciones, en especial las primeras, suelen ser las que consultan en las redes de atención primaria, aunque también podemos encontrarlas en todas las clases sociales.
Como ven mi definición de marginalidad parte de dos criterios un tanto heterogéneos, por un lado la imposibilidad o el déficit de sostén (por razones de la misma familia o sociales) y por otro porque esas configuraciones tienen una modalidad de organización vincular que está fuera de lo previsto por el establishment social.
En tanto lo que las define – desde la taxonomía que estoy planteando – es por lo que no son, o por la falta en ser, o por el rechazo que provocan en la sociedad. Para referirnos a ellas las describimos con viñetas para que por su efecto evocativo, constituyan una categoría. Son en sí mismas una no categoría.
2) La indicación en la que se nos demanda intervenir
Pasemos ahora al segundo eje.
De modo esquemático, en un primer comentario diría que en el campo vincular nos vemos convocados a intervenir en dos tipos de consultas:
a) – La consulta en la que se nos solicitan indicaciones, prescripciones, consejos acerca del funcionamiento del conjunto familiar.
b) – La consulta en la que se pretenden cambios por la vía del insight de las determinaciones inconscientes del conjunto vincular.
Esta división, sabemos se diluye en nuestra práctica, sin embargo creo necesaria mantenerla desde un punto de vista heurístico.
2a) La consulta en la que se nos solicitan indicaciones, prescripciones, consejos sobre el funcionamiento del conjunto familiar.
Buena parte de la consulta vincular está originada en una demanda que no surge desde las familias o de los vínculos de pareja, sino desde una indicación profesional o una petición institucional que solicita una orientación, o la institucionalización de un orden. En esa dirección, buscando estos objetivos, se suelen indicar consultas vinculares por muy diferentes razones, lo que implica diferentes dispositivos y diversos modos de intervención.
Un problema a pensar en las indicaciones que describo en estos primeros apartados es el eventual congelamiento del lugar del “paciente designado” dentro de la familia. Pero, no despachemos demasiado rápido esta cuestión, tiene muchas aristas a contemplar.
En mi opinión, una cosa es problematizar el uso de estas entrevistas de orientación y otro es demonizarlas. Por un lado, no podemos negar el alivio que a través de consejos, sugerencias, indicaciones se puede lograr en las condiciones de vida de las personas en situaciones familiares crónicas difícilmente movilizables. Por otro, también es importante evaluar cuando, la mera indicación, que sólo intenta administrar mejor, resulta ser cómplice de un statu quo, de un modo de organización del que surge un “chivo expiatorio”.
El problema no es fácil y a mi juicio hay que resolver caso por caso. Sí diría que cuestionar totalmente las entrevistas en las que se dan indicaciones revela un desconocimiento de la complejidad del problema en el campo de la salud mental y al descartarlas se corre el riesgo de “tirar el agua sucia con el chico”. Tampoco, sin bajarles el precio, hay que comprarlas desprevenidamente, sin estar advertidos de lo que en ellas está implicado.
Con las salvedades anteriores, sin intentar agotar el listado, corriendo el riesgo de hacer un ordenamiento que se parezca más a la clasificación de los animales de Borges que a una sistematización, enumeraré algunas de las indicaciones más frecuentes en las que se dan orientaciones. Estas indicaciones presuponen particulares modos de intervención.
Se suelen indicar entrevistas familiares:
2a-1) Por parte de los profesionales destinadas a orientar nuevos modos de funcionamiento familiar
Las intervenciones que se hacen en el contexto de estas entrevistas familiares tienen por fin el esclarecimiento que alude a alguna pauta de interacción, lo que suele acompañarse con alguna sugerencia acerca de un cambio en el modo de relacionarse o indicaciones acerca de cómo manejarse ante una cuestión específica. Esta es la tarea que habitualmente tienen, cuando hacen entrevistas familiares, los asistentes sociales, los profesionales de la educación, los profesionales de los servicios de salud en general, o en el específico campo de la salud mental, en las múltiples redes de prevención primaria, pero también es una indicación que debiéramos tener presente en la consulta psicoanalítica.
En estas entrevistas de orientación ocupan un lugar relevante las que se hacen en las familias con niños[14].
2a-2) con familias donde alguno de los miembros padece alguna
enfermedad crónica, o alguna minusvalía
Es habitual que se realicen entrevistas familiares para la mejor administración por parte de la familia de su relación con un integrante de la misma que padece una minusvalía o alguna enfermedad crónica. Las intervenciones en estas ocasiones suelen ser directivas o informativas acerca de:
-la enfermedad que esa persona padece,
-la anticipación de pródromos para su adecuado gobierno,
-la eventual administración de las crisis que se pueden eventualmente plantear,
-el manejo de la ansiedad que trae tener dentro de la familia un miembro con una enfermedad crónica o incurable, con el que hay que convivir de por vida.
Son usuales, a esos efectos, las entrevistas con familias que tienen en su seno pacientes diabéticos, con enfermedad fibroquística, asmáticos, enfermedades neurológicas, etc.
Estas entrevistas se suelen realizar en el seno de fundaciones o asociaciones, en las que además los familiares de estos pacientes interactúan con otras personas que tienen familiares con similares dolencias.
Las intervenciones tienen por fin contener la ansiedad y las emociones, en particular la culpa, la vergüenza o el rechazo que estas situaciones suscitan, y a la vez dar indicaciones o sugerencias sobre como manejarse. El profesional se coloca en la situación de dador, instituyente y garante de un orden.
2a-3) con familias en las que hay un miembro con alguna adicción.
Como parte del tratamiento de las adicciones son usuales los abordajes familiares. Han sido relativamente pioneros en este tipo de intervenciones las que han venido realizando Alcohólicos Anónimos. Sobre ese modelo se han armado multiplicidad de instituciones, en las que se realizan abordajes familiares.
2b-4) en el intento de resocialización de pacientes psicóticos crónicos
La utilización de entrevistas familiares es canóniga en la resocialización de pacientes psicóticos, en particular de esquizofrénicos y maníaco depresivos crónicos. Se ha afianzado, en estos últimos cincuenta años, la pertinencia en suponer, que el trabajo sobre los modos de interacción familiar estaba indisolublemente asociado a la posible resocialización de los enfermos mentales crónicos. Sin duda la familia juega un papel relevante para todo plan de desmanicomialización, en ella es donde se puede encontrar sostén y un lugar para una eventual reinserción social.
Cabe para este tipo de entrevistas los reparos que hice al comienzo, pero no podemos negar ni su uso, ni su utilidad.
2b-5)-con familias por indicación judicial, ya sea por la comisión de un delito, o por una indicación que parte de las redes de prevención primaria.
Estas entrevistas familiares suelen estar centradas en un miembro en particular, en los padecimientos que él tiene, en los padecimientos que ocasiona a su entorno familiar, lo que su existencia condiciona, promueve, inhibe, trastorna, y lo que su entorno, ya sea por ignorancia, o por otra razón complica aún más la convivencia con él e incluso entorpece el curso mismo de la enfermedad.
En estas intervenciones operamos directivamente, indicamos, aconsejamos, organizamos, damos herramientas para que dentro de la modalidad que tienen puedan administrar la vida familiar del mejor modo para todos. Es importante estar atentos a que nuestra intervención es desde un rol de autoridad y que buena parte de su eficacia depende de encarnar ese rol.
No es fácil alternar técnicamente, las anteriores intervenciones con aquellas destinadas a dar cuenta de la interacción entre el síntoma y la estructura familiar, intervenciones que exploran cómo determina el conjunto la aparición de ese síntoma y además como el paciente sintomático refuerza el modo de funcionamiento familiar.
Una digresión, a modo de ejemplo, para dar cuenta de la interacción entre el síntoma y la estructura familiar, en el campo del abordaje de la psicosis se ha acumulado un enorme saber acerca de la relación y mutua implicación entre la psicosis y la familia[15].
3- La(s) teoría(s) que tenemos sobre los cimientos metapsicológicos delconflicto vincular.
Para hablar sobre este tema voy a plantear algunas reflexiones en torno a la consulta en la que se pretenden cambios por la vía del insight de las determinaciones inconscientes del conjunto vincular.
Aunque en mi práctica, con frecuencia paso de un modo a otro, diferencio desde un punto de vista teórico, heurístico, las anteriores intervenciones de las que hago cuando abordo con interpretaciones destinadas a develar las determinaciones inconscientes que los instituyen por estar insertos en un conjunto vincular, en una familia o en una pareja, las determinaciones dadas por las creencias inconscientes en las que participan como conjunto.
Al plantear esta distinción entre estas dos modalidades de intervención no quiero, ni renunciar a la especial prerrogativa que le otorgo a la interpretación, ni esquivar la complejidad del problema ¿A qué me refiero con esto? Si bien desde mí perspectiva la intervención psicoanalítica privilegiada en el campo vincular es la interpretación, no es el único modo en que como psicoanalista participo. Para poder “interpretar” necesito que haya un conjunto familiar con un basamento – narcisista – que lo sostenga, que me demande este tipo de intervención y que haya un contexto que lo permita.
Examinemos cada una de estas cuestiones.
Cuando señalo que importa que haya un conjunto familiar con un basamento narcisista que lo sostenga, me estoy deslizando al tercer eje que les dije que hay que contemplar, el que hace a los cimientos metapsicológicos de los conjuntos vinculares.
También he sugerido que es importante que la demanda de atención familiar provenga de la preocupación que tienen por su modo de funcionamiento; que busquen en la consulta vincular un saber sobre cómo son ellos como conjunto. He agregado que además de que esto sea lo demandado, necesito que haya un contexto que permita el despliegue de esa demanda.
Esto me lleva a tener que matizar el lugar de la interpretación ya que si bien sabemos que nuestro dispositivo es especialmente apto para los casos en que hay una demanda de atención por lo que ocurre en los vínculos, esta no es la consulta habitual. Sobre la especificidad de la demanda y sobre el contexto en que esta se nos presenta, me extendí cuando discutí la cuestión de la indicación.
Esto es muy complejo y no tenemos que rebajarle su complejidad.
Convengamos que no es un problema menor, cómo categorizamos sí “hay una familia”, sí “existe una demanda”, si “existe un contexto que lo permita”.
En tren de de darle mayor espesor al problema, entonces voy a hablarles ahora del tercer eje que les he propuesto, una distinción metapsicológica sobre las familias, pero antes sucintamente enunciaré algunas ideas esquemáticas acerca de la constitución del vínculo.
4)- Algunas ideas acerca de cómo se constituye el vínculo, acerca de cómo nacen las instituciones familiares
Pese a las evidentes continuidades familiares, de tradiciones, de apellidos, económicas etc., hay una discontinuidad fundante desde el siglo pasado en las familias de nuestra cultura. Ya dije que en nuestro tiempo y en nuestro espacio geográfico, a diferencia de lo que ocurría previamente, las familias se fundan, son instituciones que nacen.
Si bien sabemos que la familia nuclear está pautada por una legalidad transubjetiva ‑ en última instancia por la cultura ‑ y se constituye sobre la base de reediciones de prototipos infantiles, es necesario para constituir un basamento narcisístico común, renunciar a las certezas identificatorias dadas por la pertenencia a la familia de origen.
El nuevo orden intersubjetivo que se instala supone entonces un nuevo momento de constitución narcisística que los instituye como sujetos del vínculo, cambiando los sistemas de lealtades, dando comienzo a una nueva historia.
Para enfatizarlo, parafraseando a Freud podemos decir que a este nuevo momento de constitución narcisista que se instituye al crear un vínculo, lo consideramos como un «nuevo, nuevo acto psíquico», en tanto suponemos que cumple una función similar en ese nuevo conjunto vincular a la que en su momento cumplió el “nuevo acto psíquico”, al instituir el Yo en cada uno.
4a) Las familias se fundan y al fundarse instituyen un imaginario común, que tiene como premisa que los integrantes tengan la ilusión de tener la misma ilusión

Cuando enuncio la concepción que dice “que las familias se fundan” en ese “nuevo, nuevo acto psíquico”, incluyo a este proceso como explicativo del mítico, pero estructurante “origen”, tanto de las familias modernas como de las posmodernas.
Lo que ocurre en esa “fundación de la familia”, por lo que se verá, hace, desde mi perspectiva, al sostén narcisista de las mismas. Lo que llamo la fundación de una familia no alude a ningún marco formal ni se trata de un momento puntual. Este “nuevo, nuevo acto psíquico”, en mi perspectiva, es un complejo proceso simbólico y emocional, con un punto de partida en el enamoramiento, en el que, sobre la premisa de tener la ilusión de tener la misma ilusión, da las bases para instituir un imaginario vincular que se lo supone común para los que lo integran.
4b) Ese imaginario común hace al zócalo narcisista de la familia

El imaginario común instituido sobre la premisa tener la ilusión de tener la misma ilusión, organiza la ilusión de un imaginario en el que se elimina lo no compartido. Este imaginario, dador de pertenencia, es el zócalo narcisista que otorga la condición de posibilidad para la constitución de lo conjunto, para la fundación de lo conjunto. En esa argamasa, la ilusión de tener la misma ilusión, se instituye, se construye el mito de origen de ese conjunto vincular, que adquirirá, si el vínculo sigue, el carácter de convicción.
4c) De ese imaginario parte la “función dogmática”
Esta construcción instituye a los miembros de ese conjunto, quienes comienzan “una historia” a la que se pertenece y con la que se guarda solidaridad. Al crear estos fundamentos de la pertenencia se ponen en marcha distintas funciones. Me interesa, a los efectos de esta comunicación, destacar una: la formulación de los fundamentos que regirán el nuevo vínculo, a la que llamo función dogmática”.
4d) Fundación de una familia: dos procesos

4e) Narcisismo e ideal del yo. Constitución narcisista del vínculo e ideales familiares
La función dogmática instituye los enunciados de fundamento de ese conjunto, del que emergerán los ejes axiológicos del mismo. Estos fundamentos sólo en parte serán explícitos, y su carácter dogmático –destinado luego a ser relativizado- son imprescindibles para el necesario corte que hay que hacer con las familias de origen para que una nueva familia “advenga”.
De modo análogo, a como en cada sujeto el ideal del yo hereda el narcisismo, y el narcisismo es necesario para constituir un sistema de ideales que instituirá al sujeto como humano, pari passu el naufragio de la idealización inicial de tener la ilusión de tener la misma ilusión – como en el enamoramiento – precipita su carga narcisista sobre los ideales familiares que, como orden, reglas, proyectos, etc., pasan a regir como paradigma, como dogma el presente y el futuro familiar.
4f) La familia funda un nuevo contexto de significación
Otro notable efecto de la institucionalización de un naciente conjunto vincular, cuando es conseguido, es una nueva organización simbólica que se plasma en la creación de un nuevo contexto de significación para sus miembros. Se organiza así un nuevo sistema de referencia que da condiciones de posibilidad para que las palabras adquieran en ese vínculo la cualidad de significantes. Cuando eso ocurre, ese nuevo contexto de significación creado, consiente relativiza los significados individuales. Este logro simbólico es el que permite concebir que ese orden familiar es uno sólo de los órdenes posibles. Esto no siempre se logra.
4g) Mis modelos de intervención tienen lo anterior como referente
Mis modelos para comprender lo vincular tienen una fuerte referencia en los míticos modos en que se constituyó lo conjunto, en tanto supongo que da las bases del zócalo narcisista del vínculo, del mito fundador y de la constitución de la organización simbólica en el conjunto vincular.
5) Una distinción metapsicológica sobre las familias

Diría entonces, para empezar con este tercer eje, que distingo desde las anteriores premisas:
5a) Familias que en su constitución están signadas por el déficit de un zócalo narcisista
Estas familias sufren por una falla en la constitución y/o mantenimiento de una ilusión que dé fundamento de pertenencia a ese conjunto.
5b) Las que lo han constituido, y en consecuencia han instituido una ilusión que les da pertenencia a un conjunto pero no han podido crear – mediante el logro simbólico que implica la creación de un nuevo contexto de significación – las condiciones para la admisión de un orden exterior a esa familia, o si lo conciben es un orden que se opone a su existencia.
Diré que estas familias sufren por un instituido absoluto, del que resultan enunciados de fundamento de lo conjunto no relativizables.
5c) Las que lo han constituido, y además pueden en su seno concebir un nuevo contexto de significación.
Estas familias sufren por no poder sostener la ilusión fundante, lo que las lleva a peculiares modos de procesar la desilusión.

Por cierto este intento nosográfico tiene, como toda nosografía, el inevitable defecto de unificar disparidades, y a la vez corre el riesgo de caer en generalizaciones que no dan cuenta de la singularidad de cada familia. Sin embargo, por ahora me sirve para mapear mi clínica.
Para fundamentar la distinción que propongo entre estos diferentes subgrupos, a los efectos de esta comunicación, en lugar de extenderme en referencias metapsicológicas les relataré algunas crónicas de la clínica con la que nos encontramos, en particular la que a mi juicio se da en los tramos iniciales de la consulta vincular para, a partir de ellas, ilustrar la sustantividad en la constitución mítica de cada una de ellas.
6) Algunos cuestiones en las aperturas de la consulta vincular
En la consulta vincular, enlas entrevistas inaugurales – del mismo modo en que lo hago en cualquier consulta – intento demarcar un campo, instalar un territorio en el que pueda escuchar y operar, un encuadre que me aporte un marco de referencia.
Partiré de una generalización que supongo compartimos. Convengamos que en los iniciales y tentativos movimientos que damos para recortar un territorio, para instalar un encuadre, establecemos quienes somos y quien nos demanda atención. A la par recogemos indicios para fijar cuál va a ser el tipo de relación que vamos a proponer. En este punto es importante estar advertidos que ni en el psicoanálisis, ni en otro campo todo el encuadre es explicitado. En cualquier encuadre hay una suma de implícitos dados por los elementos sociales convencionales, por los usos culturales que también forman parte del encuadre; todo encuadre tiene el medio social como meta-encuadre.
Tenemos que estar advertidos del valor instrumental del encuadre en psicoanálisis. El encuadre, en parte está hecho para que pueda no cumplirse, para que los pacientes lo alteren y de allí partirán buena parte de nuestras presunciones[16]. Me estoy deteniendo en estas obviedades para cualquier psicoanalista, porque quiero mostrarles qué datos busco en estos tramos iniciales.
Redundando, en la primera consulta vincular mi encuadre está al servicio de recoger indicios para decidir que voy a seguir haciendo. Son para mí importantes los comienzos; le doy importancia al modo en que empieza una primera entrevista. De estos comienzos partirán algunas de las suposiciones para decidir cómo intervenir, cómo seguir.
Comenzada la consulta, así como en una partida de ajedrez la apertura prefigura, al menos en parte, como se va a desarrollar la partida, también la apertura que haga este conjunto vincular prefigura que curso va a tomar la consulta. Es también importante el movimiento de apertura con que abrimos el juego; la consigna que demos, debe ser lo suficientemente amplia y neutra para que de lugar a escuchar de qué nos hablan, por que nos vienen a ver. Por ejemplo les pido que me cuenten por que me han venido a ver. Con esa consigna les estoy pidiendo, les estoy metacomunicando a los miembros de ese conjunto vincular que hablen y les informo que son ellos los que tienen que contar.
Convengamos que esta consigna implica ó da por supuesto que los que han venido tienen algo que contar o tienen alguna expectativa de ayuda psicológica. Suele ocurrir que ante nuestra consigna nos topemos con un conjunto vincular caótico y disgregado, o nos digan, no se, o, a nosotros nos mandó el pediatra, el médico clínico, el colegio, el juez, etc. Cuando obtenemos este tipo de respuestas en la apertura se suele requerir otro tipo de intervención para construir una consulta psicológica, o para instituir un sostén narcisista cuando éste es especialmente deficitario.
6a) La clínica de las familias sin sostén narcisista
Dos palabras, sobre las familias que no han podido constituir ese zócalo narcisista. Me estoy refiriendo a las configuraciones que nos plantean en la consulta problemas urgentes, no se sostienen, no se autosostienen, no tienen un marco social, económico o emocional para procesar los conflictos familiares habituales.
No se trata con estas configuraciones familiares de la “inconsistencia” que tiene toda familia, que toda familia debe procesar. En estas familias campea una inconsistencia tan radical que no pueden contener ni tramitar las emociones que en ellas tienen lugar.

Algunas de estas familias reúnen las características para ser llamadas una familia moderna o ensamblada, sin embargo es importante adjetivar esta definición, relativizarla, ya que en estas familias, además de moderna o ensamblada, le pasan algunas otras cosas más. En principio, más allá de su apariencia, no parecen tener demasiada estructura propia. Digo esto por la notable inestabilidad de sus vínculos, la precariedad a la hora de sostener a los hijos, no pueden retenerlos, ni se pueden responsabilizar por su destino. Convengamos que ninguna familia deja de tener alguna estructura sobre la que trabajar, lo que estoy enfatizando, es la existencia de grupos familiares que tienen tal pobreza en su sostén que no son capaces, al menos de inicio, de tolerar la sobrecarga de sus emociones.
Con estas familias es necesario intervenir para que tengan lugar procesos que implican no sólo volver a ponerlos en relación, sino también crear condiciones para que entre ellos puedan encausar un vínculo que está amenazado de colapsar. En estas familias suele campear una inconsistencia tan radical que no pueden contener ni tramitar las emociones que en ellas tienen lugar.
Las intervenciones suelen estar destinadas para el logro de algún tipo de “revinculación familiar”. No hay que perder de vista que estas familias son “insuficientes”, o “incontinentes” a la hora de contener o contenerse (ver al final un material clínico ilustrativo[17]).

Una cuestión más. Un problema a dirimir con estas familias es si la cuestión no es de otro orden, ya que “insuficiente”, o “incontinente”, tienen como trasfondo la ilusión que querrían serlo y no pueden, cuando, una posibilidad es que no quieran, no deseen la existencia de la familia como tal o la presencia de uno de sus miembros.
Estas familias sufren por la ausencia, la falla o el déficit de una ilusión que de fundamento de pertenencia a ese conjunto.
6b) La clínica de las familias que cuentan con ese sostén
Cuando, en cambio, con los indicios iniciales suponemos que la familia que nos consulta cuenta con ese sostén, se nos plantea a partir de que datos vamos a establecer consideraciones que nos den una dirección para intervenir.
Cómo dije, en cualquier entrevista familiar resultan importantes los intentos iniciales de los miembros de ese conjunto familiar por delimitar un tema: quién lo realiza y su éxito en conseguirlo, quién fija la agenda y los modos de desplegarla. ¿Cómo nos incorporan en esa narrativa?
A poco andar de cualquier entrevista el analista suele ser invitado a participar en el diálogo. No es un tema menor que no se sienta invitado. En esta invitación a participar, explícita o implícita, es importante advertir si dan cuenta que el analista no ha formado parte de la vida de ellos, si denotan que no está informado de lo que les ha pasado. Los modos de incluirlo prefiguran diferentes caracterizaciones clínicas y a su vez hacen aconsejables diferentes modos de intervenir.
6b-1) Las aperturas en la consulta vincular con las familias que han constituido ese campo ilusorio a la hora de instituirlos como conjunto, pero…, tienen dificultades a la hora de pensar un orden ajeno al de ellas.

De modo esquemático diría que podemos distinguir algunas de estas modalidades de apertura por parte de algunos conjuntos familiares que, teniendo un sostén narcisístico, tienen dificultades a la hora de pensar un orden ajeno al de ellas:
1- En algunas oportunidades nos percibimos englobados dentro del modo de pensar -y de ser- de la familia que observamos, a la que vemos manejarse en la consulta (y debiéramos decir, también, en nuestro espacio mental) como si fuese el suyo. No percibimos indicios de que se planteen alguna pregunta respecto de nuestros hábitos y costumbres, ni sobre los modos de relación más aptos desde el punto de vista del analista. Diríamos que no parecen concebir diferencias ni un mundo distinto del de ellos.
En estas familias todo suele estar bajo un orden que está regido por una mirada – generalmente una madre – que todo lo sabe; con ellas corremos el riesgo de quedar englobados en un discurso y un modo de pensar para el cual no hay un otro sentido ni otros puntos de vista posibles. Todos los miembros, y especialmente la familia en conjunto, son parte de un orden en el que un nuevo sentido es vivido como enloquecedor, corriendo el profesional el riesgo si lo enuncia de ser expulsado (ver al final un material clínico ilustrativo[18]).
Llamo familias sagradas a las familias que nos proponen este tipo de relación.

2- En otras oportunidades, nos encontramos con familias que si bien nos perciben diferentes a ellos, se sienten cuestionadas por nuestras modalidades o por nuestras intervenciones, que nos escuchan como alguien que da opiniones y nos responden entonces prestando acuerdo o desacuerdo. Podríamos decir que somos para ellos una especie de representantes de un cierto dogma frente al que se posicionan como feligreses u opositores.
En estas familias las intervenciones son escuchadas como versiones que se oponen a la que traen los miembros de la familia. En tanto la nueva versión es considerada como tratando de aniquilar a la que conciben como “verdadera” entran en una relación de sumisión u oposición que transforma el diálogo que se establece entre el profesional y la familia, a lo sumo, en una discusión (ver al final un material clínico ilustrativo[19]).
A raíz del tipo de transferencia que nos proponen las hemos llamado familias dogmáticas. En las dogmáticas suele sobresalir un padre tiránico.

3- Con otras familias se le impone al analista la vivencia contratransferencial de angustia frente a la desprotección por la falta de normas, lo que puede inducir a que el analista proponga regulaciones. Estas familias se instalan dentro de nuestro encuadre pasivamente a la espera de un orden siempre por llegar, un Mesías que podrá erradicar todos los males. El presente es caos, provisoriedad, inseguridad y confusión, aunque es presentado con frecuencia como promesa de creatividad. Más que una familia son un conjunto, con pobreza de normas, porque el orden llegará después. No se sostienen con claridad las diferencias generacionales; los padres no son antecesores de los hijos porque se sienten que estos últimos están en el origen. Con frecuencia suelen tener todos: estilos adolescentes que los uniforma.
Desconocido el pasado, viven en un presente provisorio ya que sólo el futuro será pleno; como una exasperación de la esperanza, del objeto que está por venir que los sancionará como familia.
Suelen consultar por dificultades de aprendizaje o de socialización de los hijos. En la consulta se crea un campo transferencial en el que esperan que el terapeuta confirme la promesa que los sostiene o, lo que también es común, que el psicoanálisis la encarne. Pueden instalarse entonces en un tratamiento, o en muchos para cada uno de los miembros, porque el psicoanálisis proveerá.
Sin embargo tenemos que tener en cuenta que en estas familias como todo puede ser discutido y cuestionado, pronto percibiremos que ninguna autoridad presente es válida y toda intervención que propongamos será descalificada o no tomada en cuenta.
La constitución parece invertida, los hijos convertirán a los padres en esposos, la filiación fundará la alianza. La alianza entonces, es un lugar vacante, concebido como espacio diferenciado pero no llenado en el presente. Se reniega de las familias de origen mientras se está a la espera de un sentido que será el que los confirmará.
Propongo llamar a estas familias, Familias Mesiánicas, por el lugar central del lugar del hijo. No necesariamente en los hijos presentes, sino incluso en alguno por llegar o en las producciones futuras de los que están.
Englobo a las anteriores familias, como conjuntos familiares con dificultades en su constitución narcisista, son las que padecen por lo que las categorizo como familias con patología de la ilusión.

Este grupo de familias tienen alguna dificultad en la constitución de ese campo ilusorio a la hora de instituirlos como conjunto. Es evidente que lo han constituido pero este orden es “un absoluto” que no permite concebir un orden ajeno al de ellos como lo describí en las familias sagradas o mesiánicas, o son parte de una cruzada donde todo lo exterior es un enemigo como en las dogmáticas.
6b-1-1) Un interludio teórico volviendo a algunos textos clásicos sobre el tema de las familias que tienen “patología de la ilusión”
Me resultan evocativos para comprender lo que ocurre en esta clínica algunos trabajos clásicos como los de Lidz, Wynne, Laing, etc.
Recordemos por ejemplo que Lidz (1957)[20] planteaba sobre como se transmitía y se instituía la irracionalidad que “la delimitación que hacen los padres del medio y su percepción de los hechos destinada a satisfacer sus necesidades, traen como resultado una atmósfera familiar enrarecida a la que los niños deben adecuarse para satisfacer esa necesidad dominante, o bien sentirse rechazados. A menudo los niños tienen que renunciar por completo a sus propias necesidades para apoyar las defensas del progenitor que necesitan. Viven en una suerte de lecho de Procusto en el que los hechos se distorsionan para adecuarlos al molde. El mundo que el niño debería llegar a percibir o sentir queda negado. Sus conceptualizaciones del medio no sirven para proporcionar comprensión y dominio de los hechos, los sentimientos o las personas, ni están de acuerdo con lo que experimentan los miembros de otras familias. Los hechos se alteran de continuo para adecuarlos a necesidades que están emocionalmente determinadas. La aceptación de experiencias mutuamente contradictorias exige un pensamiento paralógico; el medio los adiestra en la irracionalidad”.
En esa línea, para explicar estos fenómenos, también valoro lo dicho por Lyman Wynne (1957)[21] cuando afirmaba que “en la pseudomutualidad la participación emocional apunta más a mantener el sentido del cumplimiento de las expectativas recíprocas que a percibir acertadamente las expectativas cambiantes… La pseudomutualidad implica un dilema característico: la divergencia se percibe como un factor de desquiciamiento de la relación, por lo cual es necesaria evitarla pero, si se la evita, la relación no puede crecer. Dice más adelante en este mismo artículo que “dentro de las familias que más tarde desarrollan episodios esquizofrénicos agudos, las relaciones que se reconocen abiertamente como aceptables exhiben una cualidad de pseudo-mutualidad intensa y perdurable”.
También me resulta ilustrativo para comprender esta clínica lo escrito por Laing (1964)[22] con su memorable libro “Locura, cordura y familia”, en donde investigó la inteligibilidad de la esquizofrenia en el contexto de las relaciones familiares, y la nueva vuelta con su idea sobre la «mistificación» (1965)[23], reelaborando la noción de Karl Marx.
Resaltaría que todos estos modelos, aluden a la creación de la imposibilidad de concebir la ajenidad en el seno de la familia.
6b-1-2) ¿Cómo intervenir en estas configuraciones?
Me resulta importante decir que las anteriores caracterizaciones, son sólo modelizaciones extremas y en ningún caso encontramos una total solidificación de estas modalidades vinculares. Siempre hay alguna fisura, y en ese sentido nuestras intervenciones deben apuntar a descubrir esa fisura y poder instituir un lugar diferenciado para nosotros como analistas. Nuestras intervenciones iniciales, deben apuntar a instituirlo. Sólo luego de constituirlo, y esto puede llevar mucho tiempo, se podrá desplegar una demanda de análisis.
6c) Familias que lograda una constitución narcisista tienen dificultades con la desilusión.

Cuando en los vínculos cuentan con un basamento narcisista, con condiciones sociales y económicas, y el problema está centrado en el sufrimiento por el tratamiento que hacen de la desilusión, es cuando nuestro instrumento es más eficaz.
Las dificultades para tramitar la desilusión en los vínculos familiares, tienen diversos destinos. Ante la desilusión en las familias solemos asistir a escaladas de violencia, señal de que algo intolerable deja de poder ser procesado como pensamiento; escuchamos que se incluyen alusiones a distanciamiento y a pérdida de complejidad emocional en el vínculo. El mito del Edén, según el cual fuimos expulsados del paraíso por cometer el pecado original, es una creación social que da forma a esa creencia. Algún uso de la teoría del trauma entre los psicoanalistas, a mi juicio tiene un sentido similar.
De modo esquemático se pueden dibujar los siguientes destinos dentro del vínculo para tramitar la desilusión
1-el intento de recomponer la situación inicial.
Lo que mejor expresa esto, es la clínica del reproche.
En el reproche se reclama ante algo que frustra o priva, afirmando que hay una causa o un responsable para que lo negativo se produzca. Para el reproche no hay azar, ni algo inefable; le da un sentido pleno a la ausencia de sentido desplegándose una causalidad que explica lo que no debió ocurrir.
La lógica del reproche está originada en un error o maldad ajena o propia, tomando en este último caso la forma del autorreproche. Suele centrarse en el malentendido dado por la disyunción entre atribución e interpretación, intentando el aniquilamiento de una de las versiones (puede ser la propia en el autorreproche). Dentro del reproche hay una dificultad de imaginar una terceridad o un espacio ajeno, autónomo al vínculo, no concibiéndose la existencia de algo irreductiblemente incognoscible o inasimilable del otro. Se intenta a través del reproche reinstalar las míticas condiciones iniciales, que suele tomar la forma que conocemos como la polarización sadomasoquista; en ocasiones vemos en un vínculo en el que predomina el reproche, una configuración similar a la de un grupo dominado por el supuesto básico de lucha y fuga.
2- La pérdida de complejidad vincular.
Es la expresión del fracaso en un vínculo para convivir con un mundo relacional impregnado por sentimientos, el vacío emocional que reemplaza la emoción ante la desilusión. Corresponde al intento de solución frente al dolor psíquico por vía de la pérdida de complejidad vincular. La trivialización dentro del vínculo es una de sus consecuencias. El correlato individual lo podemos encontrar quizás en el cinismo, el retraimiento narcisista.
6c-1) No hay una esencial distinción metapsicológica en cuanto a su fundamento narcisista entre las familias modernas y las posmodernas
Por lo que ya anticipé, respecto de esta distinción metapsicológica – familias que han logrado una constitución narcisista aceptable, y que tienen dificultades con la desilusión- a la hora de intervenir, no hago diferencias entre las familias modernas y las posmodernas. Más aún diría que con las configuraciones de la posmodernidad, que cumplen con estos requisitos, no necesito un radical cambio teórico al que he propuesto para las formas familiares de la modernidad, ni para comprenderlas, ni para operar con ellas. Sí creo que es necesario dar cuenta de algunas cuestiones adicionales (ver comentario en nota final[24]).
6c-2) Acerca de lugares de la familia y del analista
En estas últimas familias – las que han logrado una constitución narcisista aceptable, y que tienen dificultades con la desilusión -, en la apertura en la consulta, no sólo nos ubican como diferentes a ellos, sino que colaboran en instituir una asimetría de posiciones entre ellos y nosotros. Estoy diciendo que es un buen indicio que nos reconozcan como ajenos a la vida familiar, que no sepamos acerca de su vida, que no sepamos de ellos antes de que nos cuenten.
En este ya largo texto, querría mostrar para terminar, a través de un material clínico, algunas cuestiones que se nos plantean en la clínica con estas configuraciones respecto del modo en que se despliega el procesamiento de la desilusión. Para ilustrarlo voy a recurrir a una primera entrevista de “una pareja moderna”, que con las singularidades del caso, podría ser considerada una consulta habitual. He elegido este material, por lo evocativo que puede resultar, pero también podría haber sido una configuración de la posmodernidad.
Me va a interesar exponer en este material clínico el tránsito, de un modo quizás excesivamente esquemático, de “el malestar”, al “malestar vincular”, y la construcción de “hipótesis vinculares”, que dan lugar al “conflicto vincular”.
6d) Primera entrevista
Alejandra y Marcelo luego de concertar telefónicamente una cita acuden a esta primera entrevista, son muy agradables, tienen una apariencia de profesionales acomodados, cultos. Bordean los cincuenta años.
Les pido que me cuenten por que me han venido a ver
– Alejandra: empezá vos. La idea de venir fue tuya.
– Marcelo: yo empezaría, no tengo problemas para comenzar, pero tengo temor que empezar me ponga a mí en el lugar del quejoso, del que armó el lío, cuando yo creo que el lío por el que venimos lo armaste vos.
– Alejandra: (con enojo) a mi me parece que el lío lo armaste vos. ¿Ud. no debe entender nada Dr.?
En estas configuraciones vinculares este inicio es un motivo usual de consulta: un malestar. Un malestar al que llaman “lío”. Adviertan que el “malestar/lío” “no” es concebido por Alejandra ni Marcelo como algo que los ha acompañado en su vida, no es supuesto como inherente al vínculo. Pareciera que piensan que “el malestar/lío” es algo que se agregó, es aparentemente considerado como ectópico y hay una discusión entre ellos sobre quién lo causó. Quisiera decirles que es habitual, que en el interior de un vínculo los integrantes suelan suponer que, si el vínculo funciona bien, no debieran sufrir o tener conflictos; el malestar suele ser concebido por los integrantes del vínculo como una vicisitud antinatural, como una malformación, habitualmente asociada a una teoría vincular que explica la aparición del mismo, una teoría apoyada en una lógica binaria que dice que es el producto de algo que entre los dos o alguno de ellos ha dañado, malformado, arruinado.

El analista articula en su interpretación el proyecto, el malestar y el conflicto. El proyecto: “una importante galería”, que presupone la ilusoria complementariedad de “organizada” y “divertido”. El malestar surge ante la percepción de que la complementariedad que ellos sentían que habían tenido, estaba amenazada de colapsar[25]. El malestar, el lío dado por la desilusión que les trae que la ilusión de complementariedad conseguida por la supuesta conjunción entre “organizada” y “divertido” no parece ahora resultar. Este malestar puede eventualmente organizarse como un “conflicto vincular”. El conflicto se despliega en las frases “ser dos jubilados”, y “que no sea un divertimento”. Estos “significantes” organizan la oposición, el conflicto que ocasiona el malestar vincular”.

En virtud de los presupuestos anteriores es presumible suponer que tienen una teoría, no coincidente, que explica la aparición y la responsabilidad para que ocurra ese malestar. Como parte de la teoría – que seguramente tienen – hay lugares evitados: “el quejoso”, en tanto, en ese vínculo, quien lo ocupa puede ser responsabilizado de originar el “malestar”.
El malestar, entonces, además del sufrimiento propio que conlleva estar en malos términos, está potenciado por esta creencia – habitualmente presente en los integrantes del vínculo – que dice que el malestar no debiera ser parte de la relación.
No es una tarea menor que los miembros del vínculo sientan al malestar como inherente al vínculo. Concebirlo de este modo conlleva a admitir que ese cuerpo extraño pertenece al vínculo y que ellos son responsables, por su pertenencia que eso se produzca.
– Analista: “La verdad es que no, pero no hay apuro, en la medida que los escuche iré comprendiendo. Por ahora, con lo que me han ido diciendo, me parece que parte de eso que ustedes llaman lío, es determinar quién armó el lío y se nota que cada uno cree que lo armó el otro”.
En mi intervención señalo, destaco a “lío” como un significante y a la vez no lo saturo de significado; lo ubico en el campo vincular – por lo que me han ido contando (en conjunto) eso que ustedes llaman lío – desarraigándolo de la mente de cada uno, lugar en que era puesto por las acusaciones mutuas; semantizo entonces al “malestar” por el que me consultan, como “un malestar vincular”. En el pasaje de “malestar” a “malestar vincular” se dan pasos en la construcción de “un nuevo contexto de significación”.
– Marcelo: andamos mal Dr., este último tiempo nos llevamos muy mal, peleamos por todo, me doy cuenta que todo me molesta, y también que Alejandra está molesta por lo que siente como mis malas actitudes, las malas contestaciones que recibe de mi, y a mí me pasa lo mismo.
– Alejandra: la relación desde hace un tiempo ya no es la misma, Marcelo (afirma con vehemencia), con quien siempre me entendí, no me entiende, me malentiende, no puedo entrar en su mundo. Me doy cuenta que yo también además de no entenderlo lo escucho con “mala leche”. Se ha creado un clima pesado, no tenemos la alegría que había en otra época.
En las locuciones de Marcelo y Alejandra, luego de la interpretación, hay un cambio respecto del modo de relación que tenían inicialmente. Ahora hay una descripción que incluye cómo creen que participan en el vínculo, y en el “malestar vincular”[26]: qué lugar tienen en el vínculo, cómo significan las relaciones. Describen una interacción entre ellos y a la vez esbozan las oposiciones que va tomando el discurso sobre el “malestar vincular”. Subrayo que la violencia, que en este tramo de esta entrevista es verbalizada.
Marcelo: Yo coincido en esto con Alejandra, se respira en casa un clima en el que, pareciera que todo lo que se diga o se haga puede tener el efecto de poner la gota que derrame el vaso y se produzca el desastre. Nos malentendemos, yo estoy susceptible y Alejandra está casi siempre irritada. Nada de lo que digo le cae bien, y entonces me callo la boca, no hablo. Conservamos sin embargo cierto cuidado para que esto no sea la guerra de los Roses, pero, también me doy cuenta que nos hemos alejado para no desbordarnos. Parecemos dos desconocidos.
Destacaría – al salir de la lógica binaria que caracteriza al reproche vincular – los cambios que se produjeron en el discurso, usan “nosotros” y emplean además el significante “clima” que, mas allá de la significación particular que tenga para ellos, alude a una atmósfera que los envuelve a ambos. Supongo entonces que, en tanto cambian de pronombre, y hablan de clima, proponen “hipótesis vinculares”[27]:esto es como el modo de ser de cada uno es influido por el otro. En esta posibilidad de concebir “hipótesis vinculares” está una de las llaves que saca a la “pareja” del pantano de la violencia inmoderada al estilo de “La guerra de los Roses”.
Una digresión. A diferencia de lo que ocurre en esta entrevista, en el film “La guerra de los Roses” – que ellos recuerdan – emergía por eficacia de una lógica binaria un feroz pasaje del amor al odio. “La guerra de los Roses” tiene valor evocativo, porque sus exabruptos, aunque no con ese nivel de violencia, no suelen ser ajenos a la vida conyugal y familiar. Marcelo y Alejandra, también “se odian”, pero a diferencia de “Los Roses” hablan y por momentos pueden pensar como entre ambos producen ese “clima de violencia”.
Analista: Sin embargo hay una coincidencia. Los dos coinciden en que algo cambio. Me cuentan que no es el mismo clima el que se respira entre ustedes, y además que se han alejado para evitar un intercambio violento.
El analista describe un “clima”, y las variaciones “climáticas” que se van dando, que se van creando, que es lo que ellos van creando y qué están haciendo con ese clima.
Les dice, siguiendo con la metáfora del clima, que para evitar “la tormenta”, para que “no se cree un anticiclón”, se alejan, que eligen que el vínculo tenga menos complejidad para que sea mas calmo.
Marcelo: le voy a explicar Dr. Hace poco más de un año, comenzó a aparecer en mí, y también en Alejandra un sentimiento de malestar, estábamos muy alejados, siempre tuvimos la necesidad de tener cosas compartidas.
Alejandra. Sí, sentíamos que nos habíamos distanciado, quizás influía que los chicos ya habían crecido. Era un momento muy especial, disfrutábamos de cierta holgura económica, la casa no tenía el ruido de antes, los chicos se abrían camino solos.
Marcelo y Alejandra, como es habitual en las parejas dan explicaciones (hipótesis vinculares) y estas remiten a “un origen”. Importa que es lo que los miembros del vínculo definen como “origen”, no porque el origen que dicen tener sea “verdadero”, sino porque su definición nos habla del modo en que ellos piensan, hace al modo particular que ellos historizan el comienzo del malestar: Era un momento muy especial, disfrutábamos de cierta holgura económica, la casa no tenía el ruido de antes, los chicos se abrían camino solos
Les pediría fijar la atención en como se estructura el “conflicto vincular”. Para esta pareja tener cosas compartidas es un valor axiológico. En virtud de este eje en esta pareja distanciarse trae sufrimiento y toma valor la oposición “compartido/distanciarse”. Ese eje explica el modo singular que toma el “conflicto vincular” en ese vínculo. Un conflicto que tiene como telón de fondo el anhelo de recuperar “el gozoso compartir que los había unido”.
En casi todas las parejas, no se suele admitir que el fuego pasional se aquiete, se anhela conservarlo. Perderlo es vivido dramáticamente. Ha sido un tema reiterado en la literatura y en el cine intentar preservar la pasión sin conflicto que se despierta en el enamoramiento. Ninguna pareja puede sostener lo que se cree haber tenido en el enamoramiento, aunque todos anhelan conservarlo. La diferencia está dada por como se procesa eso insostenible, la desilusión por no poder conservar la ilusión de tener la misma ilusión. El modo en que se suele intentar preservar en la pareja moderna la pasión del enamoramiento es a través de “el proyecto”, en tanto con él se desplaza al futuro la ilusión de tener la misma ilusión que los unió en el pasado.
Marcelo: recuerdo que lo charlamos, nos preocupó. Siempre habíamos sido muy compañeros, y entonces pensamos qué hacer, cómo seguir.
Alejandra: le estuvimos dando vueltas y se nos ocurrió encarar un proyecto en común. Rápidamente surgió como posibilidad instalar una galería de arte, en tanto abarcaba algo que a los dos nos apasiona. Bueno además, Ud no tiene por que saberlo, la pintura ha sido algo que nos juntó, que marcó nuestro encuentro inicial, y sigue siendo algo a lo que dedicamos mucha atención.
Analista: Entonces, ustedes creen, que esto que llaman “lio”, comenzó intentando arreglar algo que se había desarreglado al volver a estar solos como al comienzo de la relación. Si les entiendo bien, en ese intento querían volver a las fuentes.
El analista recoge en la interpretación la teoría que ellos han hecho acerca de cómo el lío se causó. Incluye en esa “teoría causal vincular”la idea que “lío” es algo que vino a desarreglar un orden previo y a la par enuncia la solución que proponen ante el “lío”: volver a las fuentes, hacer un proyecto en el que se reencuentren con los orígenes.
Marcelo: Bueno, nos conocimos en una galería de arte. Eso fue hace casi treinta años, éramos dos pibes, en ese momento Alejandra estudiaba ingeniería y yo arquitectura.
Alejandra: La galería de arte pintaba bárbaro. Empezó como tan lindo, pero se fue endemoniando. Le cuento un poco más para que entienda como es. Tenemos, pese a los vaivenes de la Argentina, una buena situación económica, tenemos una muy linda casa y hemos guardado dinero con la idea de tener una reserva o, de hacer un negocio, alguna inversión, como la galería…
Marcelo: (interrumpiendo) bueno esa no era la idea. Vivimos tranquilos y yo quiero que ese dinero sirva para que sigamos viviendo tranquilos.
Alejandra: ¡Marcelo! ¡Vivimos tranquilos! y vamos a seguir viviendo tranquilos ¡Marcelo, no nos podemos manejar como si fuésemos jubilados!
Le cuento Dr., con este asunto de la galería de arte, era, es un proyecto muy importante para los dos. Yo quería, pensé que los dos queríamos montar una importante galería. Siempre yo fui “la organizada” en esta pareja, y él el “divertido”, y esto hasta no hace mucho resultó. No se por que Marcelo ahora se emperra y no nos deja seguir adelante con esto.
Marcelo: yo también quiero que sea una galería importante, y estoy seguro que con lo que sabemos y con los contactos que tenemos podemos hacerlo, pero lo que no quiero es que este proyecto complique o arriesgue el buen pasar nuestro, ni en lo económico ni en el tiempo que nos podría insumir.
Quiero que sea un «divertimento». Se que lo podemos hacer, pensé que lo podríamos hacer.
Con el proyecto se intenta recurrir a los comienzos, para reinstalar el paraíso. Pero, con el proyecto vino el infierno: “el desacuerdo”, “el malestar”.
Analista: Hasta donde me doy cuenta, en este proyecto común, “una importante galería” contaban con la complementación, la cooperación de “la organizada” y “el divertido”. El “lío” surgió por lo que me dicen, porque empezaron a emerger criterios “no complementarios”, que los podían arrastrar a “ser dos jubilados”, o a “que no sea un divertimento”. No se qué quieren decir estas frases para ustedes, pero intuyo que son importantes, que hay en estas frases algo del malentendido del que me hablaban al comienzo de esta entrevista.

Este es el conflicto que hay que contener y analizar. El conflicto desnuda que en esa “ilusión de tener la misma ilusión” hay un equívoco y desde él se construyen dos proyectos heterogéneos. Tomar conciencia del mismo conduciría a lo que hemos llamado “estados vinculares”: el encuentro en el desencuentro, que podría dar lugar a un nuevo proyecto que los enamorara.
Pero hablarles de esto daría lugar a otro texto. Les estoy proponiendo una nueva invitación.
7- Epilogo
Quise en este largo texto darles un escueto y esquemático panorama acerca de la complejidad que nos plantea hoy a los psicoanalistas la clínica vincular.
Intervenciones en la Clínica vincular
Este texto expone un modo de concebir “lo vincular” que surge de las conversaciones que hemos tenido sobre este tema con Guillermo Seiguer en los últimos treinta años. Tiene también un papel relevante, como background de lo que aquí expongo, entre otras, mi intercambio con los colegas del Centro Liberman (APdeBA), los cursos de pos-grado que dictamos con Seiguer como docentes libres en la Facultad de Medicina (UBA), los seminarios en la Maestría de Pareja Familia del IUSAM, mi trabajo con Jueces Correccionales y Centros de violencia familiar en Buenos Aires y mi contacto con los trabajadores en prevención primaria en la Comunidad de Aragón junto a Elizabeth Palacios.
Sin embargo, aunque reconozco una deuda con todas esas fuentes, asumo como propia la responsabilidad de lo que escribo, y por eso lo redacto en primera persona.
______________
Notas
[1]Tenemos que estar advertidos, para tener una idea clara sobre esta cuestión, que la familia, y lo que ocurría en ella, no era una temática relevante en los inicios del psicoanálisis, ni en los hospitales psiquiátricos, ni en los dispensarios de salud mental. Más aún la enfermedad, particularmente la enfermedad mental era un fenómeno a separar de la sociedad y de la familia.
El aislamiento del “loco”, de la familia y de la sociedad, se comenzó a institucionalizar luego del Renacimiento – hacia mediados del siglo XVII -, con la creación de “Los hospitales generales”.
En el mes de abril de 1657, el rey Luis XIV, mediante un edicto real da las normativas para el establecimiento del Hospital General para el encierro de los pobres, mendigos de la ciudad y de los alrededores de París. A estas Casas de la Piedad irían a parar los “locos”, sin demasiada discriminación con otros personajes a aislar de la sociedad
Foucault (Michel Foucault, 1964, Historia de la locura en la época clásica, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 1992) nos cuenta que este aislamiento, adquirió solemnidad médica en el curso del siglo XIX, a posteriori de la Revolución Francesa. Este retiro del enfermo mental de la familia siguió en la primera mitad del siglo XX.
Aislar al enfermo no era una cuestión que sólo se daba en el campo de la salud mental, también se llevaba a cabo en el espacio de la medicina en general, incluso en la pediatría se tendía a separar al “enfermo”, de hecho se aislaba al “niño enfermo” de su entorno.
En la Argentina fue innovador, en el territorio de la salud mental, que Mauricio Goldenberg creara en 1956 un servicio de psicopatología en un hospital general – en el Hospital Araoz Alfaro -, en Lanús, localidad situada en los alrededores de la ciudad de Buenos Aires, en la provincia de Buenos Aires.
La creación en Lanús de un servicio de psicopatología en un hospital general fue la primera experiencia de ese tipo en América Latina. Un servicio con estas características, en un hospital general, tenía como ideario no separar al paciente psiquiátrico de su comunidad, ni de su familia (lo pongo en cursiva para destacarlo).
Contemporáneamente en Buenos Aires, Florencio Escardó (Florencio Escardo, era en la década del sesenta, Profesor titular de Pediatría en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, y jefe de la sala de internación del Hospital de Niños “Gutiérrez”, el más importante Hospital de niños de Buenos Aires en esa época), reconocido e innovador pediatra, en la década del sesenta, impulsó en el Hospital de Niños “Gutiérrez” que el niño enfermo ingresara al Hospital junto con su madre al internarse. Era central para Escardó no separar al niño de su familia.
Los tiempos cambiaron, y el modelo Lanús, en los fines de los años setenta, fue tomado como referente en el campo de la salud mental por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en la Conferencia de la OMS sobre Prevención Primaria en Alma Ata (1978). También recordemos que en la declaración de la OMS de Alma Ata se establece el determinante papel de la familia (lo pongo en cursiva para destacarlo) y la comunidad en el campo de la prevención primaria
Lo que quiero enfatizar con estas pinceladas – con inevitable aire argentino, ya que ese es el nicho de mi práctica – es que sólo desde la mitad del siglo XX la cuestión familiar adquirió relevancia en el amplio campo de la salud, incluida la salud mental, en el psicoanálisis, en la psiquiatría dinámica.
La inclusión de la familia en estos territorios, en estas disciplinas fue impulsada desde diversos campos:
a- La inclusión de la familia desde lo social
b- La inclusión de la familia desde la teoría psicoanalítica
c- La inclusión de la familia desde la clínica psicoanalítica de la esquizofrenia.
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[2] En la IPA la práctica psicoanalítica con familias fue legitimada en el IPA Congress de 1989 en Roma hubo por primera vez un Panel sobre Psicoanálisis y Familia. Desde ese Congreso en todos los IPA Congress ha habido paneles sobre el tema.
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[3] Lo vincular, el abordaje psicoanalítico de familias, es una perspectiva que hoy está incluida en el campo del psicoanálisis y en esta inclusión han tenido un papel relevante los psicoanalistas latinoamericanos.
Para ilustrar nombraré, sólo a título de ejemplo, algunos psicoanalistas, que en distintas geografías, marcaron hitos de modo emblemático en la incorporación de lo vincular dentro de la práctica psicoanalítica y en las instituciones de salud mental: en Inglaterra, Henry Dicks (n discípulo de Fairbairn, que fundó en 1947 la unidad de parejas y familias en la Tavistok Clinic en Londres); en Francia Jean Lemaire (Integrante de la Association Francaise des Centres de Consultations Conjugales); en Alemania Jurg Willi; en EE UU conspicuos miembros de la Asociación Psicoanalítica Americana en Estados Unidos crearon desde los años sesenta y setenta centros para acoger y atender parejas y familias con un marco psicoanalítico e hicieron notables publicaciones sobre el tema. Entre ellos destaquemos a Nathan Ackerman (Profesor de psiquiatría de la Universidad de Columbia y Director de la Clínica Psicoanalítica de Columbia en los sesenta); Theodore Lidz (Jefe del Departamento de Psiquiatría de la Universidad de Yale en los setenta); Lyman Winne (Jefe de la Sección Psiquiatría para adultos del National Institute of Mental Health en los setenta).
América Latina no estuvo ajena a este movimiento. En la Argentina desde fines de la década del sesenta, rescatando la herencia de Pichón Riviere (1946; 1951), se creó un interesante movimiento para comprender la familia desde el psicoanálisis. Este interés por las familias tuvo un mojón importante en el “Primer Congreso de Patología y Terapéutica del Grupo Familiar” con sede en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires en 1970. Todavía siguen vigentes los trabajos que se presentaron y discutieron en ese Congreso. Desde esa época ha habido una notable producción en nuestra área.
La producción desde los setenta en América Latina en este tema ha sido enorme, y a modo de ejemplo, entre muchas otras podemos citar a Isidoro Berenstein y Janine Puget (Berenstein, Isidoro, 1976, Familia y enfermedad mental, Paidos Buenos Aires; Berenstein, Isidoro, 1981, Psicoanálisis de la estructura familiar, Paidos, Buenos Aires. I. Berenstein y Janine Puget, 1997, Lo vincular, Paidos, Buenos Aires; Alberto Eiguer (Alberto Eiguer, 1983, Therapie Familiale Psychanalytique, Centurión. Paris; Jorge García Badaracco (Jorge García Badaracco, 2000, Psicoanálisis Multifamiliar. Los otros en nosotros, y el descubrimiento de sí mismo, Paidos, Buenos Aires; Roberto Losso (Losso, R. (2001): Psicoanálisis de la familia; Recorridos teórico-clínico s. Recorridos teórico-clínico S. Buenos Aires, Lumen); etc.
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[4] En la Conferencia de la OMS sobre Prevención Primaria en Alma Ata (1978) en la declaración se afirma en el punto V: “La atención primaria de salud es atención sanitaria esencial, basada en la práctica, en la evidencia científica y en la metodología y la tecnología socialmente aceptables, accesible universalmente a los individuos y las familias en la comunidad (la cursiva es mía) a través de su completa participación, y a un coste que la comunidad y el país lo puedan soportar, a fin de mantener en cada nivel de su desarrollo, un espíritu de autodependencia y autodeterminación. Forma una parte integral tanto del sistema sanitario del país (del que es el eje central y el foco principal) como del total del desarrollo social y económico de la comunidad. Es el primer nivel de contacto de los individuos, las familias y las comunidades (la cursiva es mía) con el sistema nacional de salud, acercando la atención sanitaria el máximo posible al lugar donde las personas viven y trabajan, constituyendo el primer elemento del proceso de atención sanitaria continuada”.
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[5] La antropología nos dice que la familia es una institución creada por la cultura. Se que no está exento de discusión considerar a la familia una construcción cultural y no una organización natural. Un ingrediente interesante en esta discusión, es que si bien hoy en día sería inadmisible no concebirla de este modo, no concebir a la familia como una institución de la cultura, también es innegable que se la suele suponer como parte de un orden natural.
La suposición que la familia es parte de un orden natural hace a la dificultad de pensarla.
Cada cultura estipula que variedades de familias son las que esa cultura considera adecuadas. Las reglas del parentesco hacen al núcleo duro de una cultura, constituyen la miga sobre la que se organiza toda sociedad humana. Cada cultura sostiene determinados “enunciados fundamentales”, sobre como debe funcionar el parentesco.
Es a partir del tabú del incesto que adquieren sentido dentro de la sociedad humana los lugares fijados por la estructura de parentesco. Es por el tabú del incesto que los comportamientos humanos respecto del parentesco dejan de ser los de la manada y adquieren diversos lugares con relaciones complejas entre sí, vínculos.
La antropología nos ha enseñado que el sistema de parentesco instituye dos subsistemas.
– Uno de ellos estipula la relación de parentesco: padre, madre, hijo, hermana, tío, abuelo, etc.
– El segundo incluye una serie de sentimientos que circulan entre los parientes, que van desde el amor, el cariño, la ternura, a la hostilidad, el rencor, el resentimiento, el odio. Los dos subsistemas se imbrican y cada nominación circunscribe modos de ser prescriptos y a la vez talantes vedados. Socialmente esta previsto que el padre y el hijo se tengan cariño y está vedado que se odien. La habitual solución ante estas prescripciones y proscripciones, es que circulen de modo manifiesto las actitudes cariñosas y que las hostiles formen parte de una estructura relacional latente.
Con conjunto relacional estoy diciendo que las personas ligadas por relaciones familiares, mantienen influencias reciprocas intensas, duraderas sobre la experiencia y la conducta de los unos sobre los otros.
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[6] Denis de Rougemont, 1958, El amor y occidente, Editorial Kairos, Barcelona, 2002; Los mitos del amor, 1961, Editorial Kairos, Barcelona, 1997.
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[7] Un nuevo modo de concebir el amor, un amor recíproco que admitía la unión del amor al erotismo en el seno de la pareja, emergió con el “amor cortés”. El amor cortés surge en el seno de la aristocracia feudal en la Provenza de fines del siglo XI, al abrigo de los mitos, la poesía, y la novela romántica. Este amor recíproco – asociado al erotismo -, encontró también un relato, al decir de los comentadores, fundante, de la mano del mito de Tristán e Isolda, y en las cartas de Abelardo y Eloísa. Más tarde, encontrará una narrativa ejemplar en el Romeo y Julieta de Shakespeare
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[8] Este amor mutuo, recíproco, finalmente toma toda su fuerza en el imaginario social del siglo XIX en el pensar y escribir de los románticos que descubrieron simultáneamente el lirismo de los trovadores y el hecho religioso. La novela, el gran fenómeno de la literatura del siglo XIX, y la ópera, que encuentra su apogeo también en esos tiempos abrevan en esa fuente; a modo de ejemplo, esta pasión la sienten, de la mano de Verdi, Tosca y Cavaradosi, o con Wagner, Tristán e Isolda.
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[9] El matrimonio, en tanto institución acartonada y falta de pasión, fue denunciada, a mediados del siglo XIX por Gustave Flaubert (1821-1880) al publicar en 1857 Madame Bovary. Flaubert con Madame Bovary escandalizó a sus contemporáneos, al denunciar la insatisfacción amorosa que campeaba en la vida marital de esos tiempos. En esta novela se reclamaba un lugar para la sensualidad y el erotismo que el matrimonio no parecía brindar. Madame Bovary fue probablemente la novela francesa más influyente del siglo diecinueve.
La Emma Bovary dibujada por Flaubert, es una aburrida ama de casa de provincia, con una sexualidad encorsetada en un contrato matrimonial desprovisto de vitalidad, de sensualidad, que tratando de vivir un desesperado amor, abandona a su marido para seguir a Rodolphe. Esta búsqueda del amor era inadmisible para la sociedad de la época, era escandaloso como Emma hacía caso omiso de sus deberes de esposa y madre para perseguir ideales románticos. Flaubert fue condenado por el establishment social por describir lo que para su tiempo era un comportamiento inmoral de la protagonista.
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[10] La pareja moderna, imaginada por el romanticismo, tiene una generalizada realización social después de 1920, como producto de los cambios que se estaban dando en los modos de pensar, los cambios sociales, el nuevo lugar de la mujer. Dejó de ser hegemónico el matrimonio concertado y emergió entonces una idea innovadora que atravesó todas las clases sociales en Occidente. En adelante se afirmó que los lazos matrimoniales debían estar asentados en un sentimiento recíproco. Es conmovedor como relata Anne-Marie Sohn en “La más bella historia de amor” la aparición de este nuevo modo de relación. Anne-Marie Sohn, profesora de historia contemporánea en la Universidad de Ruan, dice “después de siglos de inhibiciones, frustraciones, represiones aparece entonces esa cosa tan inconfesable, tan ocultada, tan deseada, que surge tímidamente de la penumbra: el placer… La revolución amorosa que se desarrolla de 1860 a 1960 es discreta pero ineludible. ¡Basta de ese recato hipócrita de esa vergüenza de su propio cuerpo, de esa sexualidad culpable que consolida la infamia de los hombres y la desdicha de las mujeres! ¡Nada de matrimonio sin amor! ¡Nada de amor sin placer!” (de Dominique Simonet, 2003, La más bella historia de amor, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2005).
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[11] El pos-modernidad se ha acompañado de una pérdida de la hegemonía de la familia moderna como modelo. En un movimiento que, para situarlo históricamente, ha abarcado todo el siglo XX y con más acento desde los sesenta en adelante, se produjo un enorme cambio en los modos de relación y en el modo en que se instituían los vínculos de parentesco. Las conformaciones familiares de la pos-modernidad se han ido haciendo lugar, incluso han logrado un lugar de reconocimiento social y una juridicidad dentro del aparato legal del estado.
En tren de enumerar algunos factores que han contribuido a la formación e institucionalización de estas formaciones familiares de la posmodernidad, sin por eso pretender ser exhaustivo, diría que la familia tipo de la modernidad empezó a perder hegemonía en el siglo XX, sobre todo en su segunda mitad:
a-En primer término, con la entrada masiva de la mujer en el mercado laboral.
b-En segundo lugar por la revolución que implicó la aparición de métodos anticonceptivos, en particular las píldoras anticonceptivas
c-En tercer lugar la generalización de una legalidad que le dio existencia a la disolución del vínculo conyugal, mediante la legislación en torno al divorcio. En los últimos cincuenta años se ha instalado definitivamente el divorcio conyugal en nuestras sociedades, tanto desde el imaginario social, como desde el marco legal. Hoy cerca del cincuenta por ciento de los matrimonios se divorcia y se habla de un aumento del treinta por ciento en las uniones de hecho.
d-En cuarto término, la profunda transformación que ya ha traído la aparición de nuevas técnicas de fertilización. De la mano de ellas está implícita la no articulación entre sexualidad y reproducción, incluso es avizorable en un futuro no demasiado lejano la eventual radical desarticulación entre sexualidad y reproducción.
e-En quinto lugar la discusión que se ha activado en la mitad del siglo XX, en torno a la cuestión de género. En las últimas décadas, esta discusión ha tenido un lugar relevante en la agenda de lo que se discute. Hay cambios notables respecto de esta cuestión, tanto en lo “socialmente aceptado”, como en “la legislación” sobre el tema. El mayor hiato entre sexualidad y reproducción ha traído como inevitable consecuencia nuevos modos de relación. La polaridad masculino-femenino se ha atenuado y asistimos a la emergencia de prácticas y sentires en torno a la sexualidad impensables para nuestra época.
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[12] Una buena parte de las familias actuales son familias ensambladas (confluencia de diversas familias que se “ensamblan”); recomposiciones de las familias preexistentes en una nueva con mis hijos, tus hijos y nuestros hijos. En tren de poner números digamos que hoy en Estados Unidos casi un 75% de los divorciados vuelve a casarse o se une de hecho. En algunos países de Latinoamérica, la proporción de bebés nacidos en el seno de parejas no casadas, trepó en la última década de alrededor del 30 por ciento hasta casi el 50 por ciento. En Inglaterra, la tercera parte de los casamientos es efectuado por personas divorciadas, mientras que en Francia se calculaba en casi un millón los menores de 25 años que convivían con un padrastro o una madrastra. En la Argentina, según el Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas del 2001 hay casi 300.000 familias de este tipo.
En general en las familias ensambladas se trata de parejas donde ambos cónyuges son «reincidentes» y los hijos pueden ser de uniones anteriores o de la nueva pareja. Se estima que al menos en la Ciudad de Buenos Aires, situación que se asimila a los parámetros de países occidentales del primer mundo, el 50% de las familias son ensambladas. Esto va en aumento en el mundo. En EE.U.U. los especialistas afirman que para el 2010 las familias ensambladas serán el vínculo más frecuente.
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[13] Para ejemplificar, algunas de las cuestiones que se juegan con estas familias transcribiré algunos pasajes del relato que hicieron Carlos Sluzky y Ferid Agani acerca de una “Crisis en una familia tradicional de Kosovo: una nota etnográfica”.
Este relato es acerca de una familia ampliada de campesinos kosovares pobres, abrumados por la ejecución reciente de adolescentes y adultos varones por parte de militares serbios. La familia de marras estaba compuesta por una serie de mujeres y niños, varias viudas con sus hijas o nueras, también viudas, y los hijos de estas. En esta organización tenían especial importancia los varones, tíos y primos, que sin dejar de vivir en sus casas, de acuerdo a valores heredados, que venían de varias generaciones, regulaban, avalados por un orden patriarcal, los múltiples eventos de la vida familiar: matrimonios, nacimientos, funerales, así como las prescripciones sobre las vestimentas, etc.
En este contexto, una mujer de 24 años, parienta política, viuda de un hombre “desaparecido”, presumiblemente muerto en las ejecuciones consumadas por los serbios, decide dejar este grupo familiar con sus dos hijos pequeños. Vuelve a casa de sus padres, aduciendo que de ese modo aliviaba económicamente a la familia política. Dos años más tarde anuncia que un hombre la estaba cortejando y que estaba considerando una propuesta de matrimonio. Cuando llegó esta noticia a oídos de su familia política se apersonó un grupo de hombres en representación de las opiniones e intereses de toda la familia paterna y exigió encontrarse con el padre de esta mujer.
Cómo tradicionalmente los problemas familiares en esa cultura se dirimen entre los patriarcas de cada familia, dos tíos y un primo del marido desaparecido fueron recibidos por el padre de la mujer junto a dos hermanos de ella. En la reunión no estuvo presente ninguna mujer como mandan las tradiciones.
Los familiares del padre desaparecido plantearon en esa reunión que no tenían objeción que la mujer viviera con su familia de origen, pero si iba a casarse nuevamente, querían que el hijo varón de ella retornara a la familia del padre, a fin de asegurar la continuidad del patronímico.
El padre de la mujer respondió con gran ceremonia: “Frente a Dios debo ser sincero, no quiero para ustedes lo que no quiero para mí mismo, ni quiero para la familia de ustedes lo que no quiero para la mía”, haciendo con esto referencia tanto a la pérdida de miembros de la familia como al riesgo a que el linaje se perdiera. Hacía un fuerte hincapié que comprendía las preocupaciones de sus visitantes en torno al posible casamiento de su hija y la eventual pérdida de peso en la crianza de su nieto, en tanto pasaría a formar parte de otra familia.
Los dos hermanos de la mujer que habían estado viviendo en Alemania, y por lo tanto estaban mucho más occidentalizados, interrumpieron al padre argumentando que las pretensiones de los visitantes carecían de fundamento. Decían que los chicos ya habían perdido uno de los padres y no debía castigárselos perdiendo el otro. A esto respondían los visitantes que no eran ellos los que separaban al niño sino la madre al haberse ido. Allí se armó una acalorada y casi violenta discusión que el padre cortó, y con firmeza, tratando de que sus palabras adquirieran toda la ceremoniosidad posible, les anunció que había tomado una decisión respetuosa de los mejores intereses de todos: los nietos seguirían en la casa de él, allí serían criados. El varón y la nena hasta que se casaran conservarían el patronímico del padre, como un modo de honrar a este y a su familia. Los familiares del padre, al igual que la madre podrían visitar a los nietos tantas veces lo quisieran. Los visitantes aceptaron esta propuesta con muestras mutuas de aprecio. La madre más tarde se casó.
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[14] Aurora Pérez, 1987, Grupo familiar, matriz del psiquismo, Conferencia inaugural al Primer Congreso Argentino de Psicoanálisis de Familia y Pareja, realizado en Bs. As. Libro del Congreso.
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[15] La noción de vínculo se hizo necesaria, después de la segunda guerra mundial, en la clínica psicoanalítica para explicar y abordar la psicosis. Destacaría entre otras contribuciones a este tema las de: Fromm-Reichmann Frieda, 1939, Transference problems in schizofrenics, Psychoanalytic Quaterly, vol 8, N° 4; Fromm- Reichmann, Frieda, 1950, Principles of Intensive Psychterapy, University of Chicago Press, Chicago; Bion, W., 1960, A theory of thinking en Second thoughts.Selected Papers on Psichoanalysis, Heinemann, Londres; Harold Searles, 1965, Collected papers on schizofrenia and related subjects, International Univertsities Press, New Yotk; Bateson, G., Jackson, D., Haley, J., y Weakland, J., 1956, Hacia una teoría de la esquizofrenia, en Pasos hacia una ecología de la mente de G. Bateson, Planeta-Carlos Lohle, Bs. As. 1991; Lidz, T., Cornelison, A., Carlson D.,y Fleck, S.,1957, Intrafamilial enviroment of schizofrenic patients: the transmission of irrationality, AMA, Archives of neurology and Psychiatry, 79: 1958.; Wynne, L., Ryckoff, Day y Hirsch, Pseudomutuality in an the family relations of squizophrenia. Psychiatry, en I. Boszormenyi-Nagy y J.L. Framo, Intensive family therapy, Harper and Row, New York, 1965; Ackerman, Nathan, 1958, Diagnostico y tratamiento de las relaciones familiares, Hormé, Bs. As. 1961; Ferreira, Antonio, 1966, Family myths, en I. M. Cohen, Family structure, dynamics and therapy. Psychiatric Reserch report, Nº 20, Am. Psychiatric Association; Shapiro, R. et al. 1975, The influence of family experience on borderline personality development, Int. Rev. of Psycho-anal., vol. 2, 1975; Laing, Ronald, Esterson, A., 1964, Locura, cordura y familia, Fondo de Cultura Económica, México, 1967; Laing, R, 1965, Mystification, confusion and conflict en I. Boszormenyi-Nagy y J.L. Framo Intensive Family therapy, Harper and Row, New york, 1965); Laing, R, 1965, Mystification, confusion and conflict en I. Boszormenyi-Nagy y J.L. Framo Intensive Family therapy, Harper and Row, New york, 1965); Pichón Riviere, Enrique, 1946, Contribución a la teoría psicoanalítica sobre la esquizofrenia, Rev. de Psicoanálisis, vol. 4; Pichón Riviere, Enrique, 1951, Algunas observaciones sobre la transferencia en los pacientes psicóticos, Rev. de Psicoanálisis, vol. 39; Enriquez ,Micheline, 1988; Incidences di délire parental sur le memoire des descendants, Topique, 42. también en castellano, La incidencia del delirio parental sobre la memoria de los descendientes, en Lo negativo, Amorrortu, Bs. As. 1991; etc.
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[16] Intento al proponer un encuadre, inmovilizar variables ‑ tiempo, espacio, conductas, actitudes, roles – , con la expectativa que lo que se despliega en esa familia me permita inferir las determinaciones inconscientes de ese conjunto, más específicamente las determinaciones inconscientes que les plantea ese conjunto al que pertenecen.
Otra advertencia, al recoger indicios también tenemos que considerar que a la hora de construir nuestras consideraciones sobre lo que ocurre en ese campo, la subjetividad del analista, aunque la encuadremos, no queda eliminada; el analista para delinear lo que ve y escucha, como no podría ser de otro modo, impregna su juicio con sus valores.
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[17] Fabiana consulta por su hija Viviana, una adolescente de quince años, en un centro asistencial de los suburbios de Buenos Aires.
Esta consulta, es indicada por el Juez de Menores.
El Juez había propuesto seis meses antes de esta consulta la internación de Viviana en un “hogar para menores”, luego de que Viviana había sido detenida por la policía mientras fumaba marihuana.
En aquel momento, Fabiana, al ser citada por el Juez le había dicho que no se podía hacer cargo de Viviana a raíz de que “no sabía que hacer con su hija”, ya que consumía drogas, y era promiscua en su sexualidad.
Consta en el informe sobre Viviana que la trabajadora social, y el Juez tenían la impresión que la madre, Fabiana, se quería desentender de su hija. Pensaban además, que dada la gravedad del caso sería aconsejable que Viviana pasara a vivir en un hogar, y esto se lleva a cabo.
Es de destacar que Viviana, carga sobre sí con la responsabilidad del problema que derivó en la internación. Viviana acepta vivir en el hogar porque, según ella, se ha portado mal. Dice que ha hecho un trato con Fabiana, «estaré un año en ese hogar para aprender a comportarme».
Hace pocos días, Viviana en el hogar estaba deprimida y había hecho un intento de suicidio, se había cortado las muñecas con una hoja de afeitar. El Juez ha a raíz del intento de suicidio ha indicado la consulta.
En posteriores entrevistas nos familiarizamos con la situación familiar en la que ha vivido Viviana.
Fabiana, su madre, siendo muy joven, con quince años, luego de llegar de una provincia del interior fue a vivir a la casa de unos tíos. Tiempo después quedó embarazada de Enrique, un muchacho que conocía de su mismo pueblo, quien la llevó a vivir a casa de sus padres.
Fabiana y Enrique, mientras vivían en la casa de los padres de Enrique tuvieron dos hijos más.
Enrique, cuando Fabiana tenía veintidós años se fue de la casa de sus padres, para irse a vivir con otra mujer, Luisa, que había quedado embarazada de él. Fabiana, poco tiempo después se fue también y dejó a sus tres hijos con los suegros. Estos, según Fabiana no le dejan ver a los chicos.
Fabiana se fue a vivir con José con quien tuvo otro hijo que presenta una discapacidad, tiene una parálisis cerebral por lo que está internado en un centro de atención a minusválidos psíquicos.
José, por su parte tiene dos hijos de su primera mujer, la cual falleció en un accidente. José no tiene relación con estos dos hijos, viven con su ex-suegra en una ciudad del interior.
Viviana es la única hija de la pareja que constituyeron Fabiana y José.
José, Fabiana y Viviana convivieron hasta los cuatro años de Viviana. Había en esa convivencia, según Fabiana permanentes peleas por los celos, a su juicio, desproporcionados de José; hubo varios abandonos del hogar por parte de Fabiana con la hija, Viviana, con cambios constantes de domicilio, colegios e incluso de ciudad.
Fabiana y Viviana conviven desde hace varios años con una nueva pareja de Fabiana, Jorge separado, con hijos. Los hijos de Jorge, de una pareja anterior, conviven con su ex mujer.
Con alguna reticencia Fabiana cuenta, que Jorge, tiempo antes de que Viviana fuese detenida por la policía, le había exigido que Viviana se vaya de la casa, alegando el mal comportamiento de su hija.
Esta familia, desde cierta perspectiva, reúne las características para ser llamada una familia ensamblada, un ensamble de varias familias. Sin embargo es importante adjetivar esta definición, relativizarla ya que esta familia, además de ensamblada, le pasan algunas otras cosas más. En principio no parece tener demasiada estructura propia. Digo esto por la notable inestabilidad de sus vínculos, la precariedad a la hora sostener a los hijos, no se pueden responsabilizar por su destino.
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[18] Una familia me consulta por un hijo, que luego de terminar el colegio secundario se ha retirado del mundo, ha dejado de hablar, ha perdido su red social y se pasa los días encerrado en su habitación. Han realizado una serie de intentos de consultas individuales que han fracasado. Encuentro como única vía de acceso iniciar consultas en la casa de ellos, en donde resulta muy difícil sustraerme a sus reglas culturales y a los sobreentendidos con que se mueven. Sienten como ectópico y antinatural toda regla que lleve a instituir un encuadre profesional. Por ejemplo, cuando llego a la casa me encuentro con una mesa servida para comer y les resulta ofensivo que no acepte el convite.
En el curso de las entrevistas, al descentrar la observación de la psicopatología del hijo, se hizo claro que la madre enunciaba con convicción que los miembros de su familia tenían una imposibilidad para cuidarse y sobrevivir. La mamá parecía convencida que, de no mediar su intervención, ellos ingerirían comidas que podrían matarlos y que sólo su actitud puede preservarlos. Este sistema de creencias no abarcaba solo la ingesta, sino prácticamente toda la cotidianeidad. El marido y otro hijo no solo compartían esta cosmovisión, sino que sentían con ella la desesperación por este hijo que no aceptaba ser salvado por una madre que podía anticipar necesidades y peligros.
Me sentía conminado para que los ayude a ayudar a este hijo que -en forma tan extraña- parece oponerse a esta mirada que sabe sobre él más que él mismo.
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[19] A modo de viñeta ilustrativa, les relato parcialmente una primera entrevista de una familia con tres hijos. Consultan por la violencia que se ha desencadenado entre el padre y uno de los hijos, Juan, a quien enseguida califican de grosero por sus malos modales. Es llamativa la ceguera que parecen tener todos hacia la evidente psicopatología del presuntamente maleducado. Juan, resalta como alguien desconectado, lleno de manierismos, y por su modo de vestirse muy diferente de los otros miembros de la familia. Sus dos hermanas, al igual que sus padres, están vestidas en consonancia con el país de origen de la familia, un país del Magreb. En los breves intercambios iniciales las hermanas usan frase o palabras, como contraseñas, que parecen índices que subrayan su pertenencia. También resultaban llamativos sus nombres, árabes, que se diferenciaban claramente del de Juan.
El profesional, durante la entrevista, se sorprendió al comienzo por sentirse extranjero, desaliñado y vulgar respecto del mundo que ellos instalaban en la consulta y, para mayor incomodidad, se sumaba la impresión de que toda sugerencia suya que diera índice que aquello era una entrevista sería vivido como fuera de lugar. Se sentía incluso con cierta inhibición para preguntar. El profesional tenía la impresión que el padre sentía que debiera sostener la función de representar un orden, una única autoridad de la que emanaba una palabra que era vivida por todos como una ley incuestionable.
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[20] Lidz, T., Cornelison, A., Carlson D.,y Fleck, S.,1957, Intrafamilial enviroment of schizofrenic patients: the transmission of irrationality, AMA, Archives of neurology and Psychiatry, 79: 1958.
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[21]Wynne, L., Ryckoff, Day y Hirsch, Pseudomutuality in an the family relations of squizophrenia. Psychiatry, en I. Boszormenyi-Nagy y J.L. Framo, Intensive family therapy, Harper and Row, New York, 1965; también en castellano Pseudomutualidad en las relaciones familiares de los esquizofrénicos, en Sluzki, Interacción Familiar, Tiempo Contemporáneo, Bs As.
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[22] Laing, Ronald, Esterson, A., 1964, Locura, cordura y familia, Fondo de Cultura Económica, México, 1967.
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[23] Laing, R, 1965, Mystification, confusion and conflict en I. Boszormenyi-Nagy y J.L. Framo Intensive Family therapy, Harper and Row, New york, 1965).
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[24] Las familias ensambladas, suelen tener una mayor complejidad en algunos de los conflictos vinculares, dado que tienen que procesar los conflictos y ambivalencias derivados de vínculos con mayores diferencias: vínculos entre mis hijos, tus hijos, nuestros hijos; vínculos con la madre o padre de los hijos que no se tienen en común, personajes que suelen ser personajes importantes a la hora de comprender la vida emocional familiar.
En las familias ensambladas los hijos suelen sentir que han perdido la familia que tenían, y fantasean con volver a ver a papá y mamá juntos, volver a tener un espacio que compartían, un espacio que junto a los hábitos sentían cotidianos.
Las familias ensambladas se suelen conformar sobre la base de pérdidas importantes: un divorcio o la muerte de un progenitor. A esto se suman otras pérdidas y cambios también relevantes, como son: la pérdida de la relación cotidiana con los hijos, la casa, el barrio, amigos, parientes, la pérdida de la estructura de la familia nuclear (padres e hijos conformando un mismo grupo familiar); la total coincidencia entre los vínculos conyugal (el que une a los esposos) y parental (el que une a los padres entre sí); los sueños de un matrimonio para toda la vida; o para la persona soltera que se une a otra divorciada con hijos, la pérdida de la ilusión de iniciar la vida matrimonial sin hijos ajenos; o por su parte, los chicos pierden la esperanza de que sus padres vuelvan a estar juntos. En el abordaje de las familias ensambladas es importante darle lugar emocional a esta serie de pérdidas para que después se pueda producir un buen acople en la nueva familia. Sin embargo los procesos no deben precipitarse, no se debe esperar que las familias ensambladas se integren en un breve lapso de tiempo, pues se necesitará tiempo y experiencias compartidas para que se fomenten las relaciones. Tanto los hijos como los padres suelen guardar en su memoria expectativas provenientes de sus familias anteriores, que muy posiblemente deberán confrontar con la nueva.
Es importante en estas familias tener en claro que los hijos serán miembros de dos hogares diferentes, en los que siempre estará ausente uno de los dos padres biológico, por lo que será también fundamental captar los sentimientos por los que atraviesan estos chicos. No hay que esperar de la nueva vida juntos un mundo de maravillas, sencillamente porque no ocurre eso en una familia tradicional, en la cual los inconvenientes son parte de la vida familiar. Los miembros de la familia se van topando con dificultades y tendrán todos que consensuar modos de vida, afectos y tiempos. En este punto es muy importante romper mitos como que «la madrastra o el padrastro deben querer a los chicos inmediatamente», esto no es así, el cariño vendrá con el tiempo, con el conocimiento de todas las personas, no se ama lo que no se conoce.
En las familias ensambladas ocupan un lugar central los padres biológicos, ya que pueden facilitar o entorpecer el proceso para que los hijos puedan aceptar la pareja de su ex cónyuge. Son frecuentes las descalificaciones de la figura de la madrastra o el padrastro por parte de los padres biológicos.
Las pérdidas y los sentimientos que acompañan a la nueva familia, suelen reactivarse en el momento nuevo casamiento o unión. Lo de unión va por el hecho de que casamiento o boda (de más amplio uso esta última) se entiende al acto religioso (o cívico, menos extendido) de casarse. Muchas de estas nuevas familias son producto de uniones sin bodas.
Las usuales desavenencias y las pérdidas suelen confundir a las nuevas parejas, o a quienes los interpretan como que “algo no debe andar bien”. Hay que admitir que: los hijos preceden a la formación de la pareja; hay otro progenitor en otro hogar o en la memoria; hay más de dos adultos en función parental; los chicos por lo general circulan entre dos hogares; hay más vínculos y personas involucradas; las emociones que desencadenan las transiciones entre las diferentes etapas del Ciclo Vital son más intensas; los sentimientos de pertenencia e identidad familiar tardan en aparecer; hay menos control y cohesión familiar.
En las familias ensambladas las relaciones no se dan espontáneamente, sino que se construyen lentamente y son el resultado de tareas que demandan esfuerzo y paciencia. Precisamente, las que alcanzan la estabilidad son las que han manejado las necesidades de sus miembros, de modo tal, que la mayoría de ellos están satisfechos con su nueva familia.
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[25] Alejandra y Marcelo con el correr de las sesiones contaban con evidente satisfacción y orgullo la exitosa complementariedad que sentían que antaño habían logrado entre ellos. Decían que los primeros años de vida familiar fueron «de lucha», expresión usada para dar cuenta de las contingencias habituales en una joven pareja de escasos medios. Como luego se estabilizaron y, al fin, lograron un buen pasar económico, en buena medida merced a los muy buenos ingresos que aportaba Alejandra. Los de Marcelo eran menores y, sobre todo, más irregulares. Sin embargo la holgura económica la disfrutaban todos, sintiéndose entre todos dueños y partícipes por igual. Pero, resaltaba en sus relatos cierta discrepancia: lo que era valorado por Marcelo como actitud de «laxitud poética», era considerado por Alejandra, en ocasiones, como que Marcelo era «un tiro al aire».
Los aspectos organizados del vínculo se suelen estabilizar alrededor de una regularidad de intercambios, un establishment, que da orden y previsibilidad. El establishment vincular se condensa en historias compartidas y de él surge lo que llamamos «seguridad»; de esta seguridad deriva una de las fuentes del sentimiento de pertenencia.
Cada vínculo estable, y esta también tiene que lidiar en algún momento con la desilusión: un malentendido, una falta, una ausencia, un estorbo, un retardo, una interrupción por referencia a una ilusoria continuidad, identidad o complementariedad entre ellos.
Ante la fractura que sienten se ha dado en “la complementariedad que ocasiona “el lio”, Marcelo, abandonando su habitual bonhomía se crispaba, y afirmaba que el “lio” había desnudado, para él, que la pareja no funcionaba bien, que quizás todo en este matrimonio fue una mentira. Corría peligro de derrumbarse todo lo construido juntos. Este peligro de derrumbe encontraba asidero en que si bien la desilusión en el vínculo es inevitable no se la concibe como parte de la relación, se la vive como un fracaso, y en este fracaso “se suele creer que se accede a una verdad” que estaba velada, perdiéndose la esperanza que el otro sea fuente de una disposición bondadosa. Se suele imaginar que se ha accedido a “la verdadera naturaleza del otro”, a la mala naturaleza que había quedado oculta por un barniz que lo había velado. Incluso se cree asistir a un momento de la verdad: ahora si lo conozco. Tanto tiempo al lado de él (ó ella) y no me había dado cuenta como era.
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[26] Un comentario teórico-clínico: en el “acmé” de los “estados de malestar vincular” es habitual que nada de lo oído “caiga bien”, que nada de lo que se diga “caiga bien”, que las palabras pierdan la intención de comunicar; las palabras desmedidas en tono, altura e intensidad no tienen por fin comunicar ideas, más bien parecen destinadas a penetrar en la mente del otro, acallarlo, anularlo o inmovilizarlo y predomina el uso performativo -como instrumentos- de la voz y los gestos. El malestar en el vínculo está frecuentemente acompañado por fuertes enojos, que toman la forma de reproches, los miembros de esa relación se exasperan, se irritan. Buena parte de lo que proviene del otro, en estos “estados”, suele ser sentido como preñado de malas intenciones; esta intencionalidad, esta mala intencionalidad que campea en el seno del vínculo, en esos estados colorea el intercambio y a su vez suele dar razón a la mala intencionalidad propia.
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[27] En las explicaciones (hipótesis vinculares) que van dando se van perfilando:
-a) un sistemas de valores (siempre tuvimos la necesidad de tener cosas compartidas);
-b) qué es lo que definen como sufrimiento (nos habíamos distanciado);
-c) las teorías que han ido construyendo para explicarse el comienzo del “malestar”.
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Bibliografía
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Resumen
Este texto da por sentado la existencia de una clínica vincular en la que los psicoanalistas podemos y debemos intervenir.
Una cartografía de esta clínica es desarrollada en una esquemática síntesis en la que se muestra el punto de vista del autor sobre este tema. El afirma que, al menos tres ejes deben ser considerados en la clínica vincular para fundamentar la creación de instrumentos para operar en ese campo.
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Summary
This text takes for granted the existence of a clinic of bonds in which psycho-analysts are able and must take part.
A cartography of this clinic is developed in a schematic synthesis showing the author´s point of view on this subject.
He states that at least three axes have to be considered in the clinic of bonds. These axes have also to be considered for the creation of new theorical and technical instruments which enable to operate within this field.